Al salir de mi casa, casi me pongo a llorar, por mucho que yo hubiera tomado la decisión de dejar de ser amiga de Laima, pero eso no significaba que las cosas no dolieran igual, era un dolor diferente pero era dolor igual, era como si una parte de mi se rompiera, un trozo de mi y eso dolía. Cerca de mi casa había un pequeño callejón, una calle sin salida, sin pensarlo me metí ahí y apoyé mi espalda en la pared mientras intentaba no sentirme del todo abrumada. Sabía que había tomado una buena decisión, una persona que te decía cosas crueles, de ti o de tu familia, una persona que era capaz de destruirte, de hacerte daño sin importar cómo eso te afectara, era dudoso que fuera una buena persona. Hay personas que son buenas personas, pero no para todas las personas, son como cables, juntand

