Las demás clases del día habían sido tranquilas, solo eran teoría, nada de trabajos o exámenes, solo escuchar a los profesores dar datos, pero no pude atender, mi pensamiento no dejaba de rondar en el trabajo que tenía que hacer con Alexander, sé que no iba a ser fácil, no quería tener que pasar tiempo con él, me era incómodo.
Alexander hizo daño a mi hermano.
Mi hermano pasó depresión por Alexander.
No quería tener nada de ver con Alexander James Taylor.
Odiaba a Alexander James Taylor, lo odiaba con todas mis fuerzas.
Tras cinco horas de clases, llegue a casa, llegue a mi cama, y me grite en mi cama con la enorme desesperación aun acumulándose en mi cuerpo, odiaba con toda mi alma que la universidad nos complicara la vida a los estudiantes. Ya era complicado tener que estudiar y sacar buenas notas, intentar ser un joven adulto que saca su vida adelante como para crear un futuro, como para que nos hagan pasar tiempo con personas que no soportabas.
— ¿Qué pasa? —pregunto mi hermano entrando a mi habitación corriendo.
Me senté en la cama.
Le había escrito un mensaje para hablar con él, urgentemente pero no pensé que viniera todo sudado y aun con la ropa del entrenamiento.
—No era tan urgente—me queje.
Mi hermano me miro.
—Eres mi hermana, hasta que te duele un pelo es importante—hablo mientras entraba en mi habitación y agarraba mi termo de zumo para beber un trago— ¿Qué pasa? —.
—Vale, siéntate—dije y mi hermano me miro, conocía a este hombre demasiado bien, le conocía desde hace demasiado, desde antes de nacer, por lo que sabía muy bien que se iba a cabrear. No muy seguro mi hermano se sentó en la silla de mi escritorio—Tengo que hacer un trabajo con Alexander James Taylor—dije y mi hermano me miro—No lo he elegido yo, y lo he intentado solucionar, pero no hay forma y solo te lo cuento porque sé qué opinas de él—.
Mi hermano odiaba a Alexander mucho más que yo, y mi hermano no odiaba a nadie.
— ¿Para qué clase? —pregunto mientras extrañamente mantenía una calma admirable.
—La única que desgraciadamente compartimos, literatura contemporánea con el profesor Collins—explique y le mire—Chris, te juro que pasaría del trabajo pero es un cuarenta por ciento de la nota, y no puedo permitirme suspender esa asignatura y no con ese profesor—.
Mi hermano me miro.
La gente pensaba que las carreras de letras eran mucho más sencillas, incluso mi abuelo materno se refería a estas como burrología y letras, eran carreras que todos veían como fáciles porque no había formulas pero había fechas y datos que memorizar, quizás no iba a construir la nueva torre más alta ni salvar una vida de un trasplante de corazón pero mi carrera podía ayudar a hacer felices a otras personas.
—Tengo que hacer una investigación sobre Samuel Beckett, valga la redundancia que me toca un autor irlandes—bromee pero mi hermano me miro con una cara seria que no le veía mucho—Lo haría sola pero tengo que leer los libros del hombre y si no tiene más de cinco, sus ensayos o cualquier cosa, como obras de teatro, relatos cortos o lo que sea que escribiera ese hombre y escribir comentarios, críticas y opiniones, además de explicar de dónde viene el autor y su impacto—.
Mi hermano me miro.
—Es un trabajo que debe tener mínimo nueve páginas por las dos caras, y debe estar perfectamente redactado y con opiniones de los dos alumnos—añadí y le mire—Todo hace que tenga que trabajar con él—.
—No vas a trabajar con Taylor—hablo y le mire—Me niego a que ese chico este cerca tuyo—dejo claro —Yo me voy a encargar de esto—.
—No te he llamado para que lo soluciones—deje claro y mire a mi hermano—Te he llamado para contártelo y porque necesito que mi hermano gemelo, mi mejor amigo me escuche y critique conmigo la situación, no porque necesito que me salves, ese no es tu trabajo—deje claro.
Christopher me miro.
— ¿Te rindes? —pregunto sorprendido—Vas a dejar que ese chico este cerca de ti las próximas semanas ¿Sin importar lo horrible persona que sea? —.
Le mire.
No era una persona que le gustara luchar con fuerza, luchaba en lo que era necesario pero de forma normal, no me cansaba en las cosas que realmente no merecían la pena, en cosas que sabía que iba a terminar de la misma forma, todo iba a terminar mal de todas formas, por lo que luchar era solo un malgaste de tiempo.
—No es que me rinda, he luchado y he perdido—hable y le mire—Quiero saber que batallas luchar y enfrentarme a un hombre que tiene mi evaluación en sus manos, pues no me parece la mejor decisión—dije y le mire—Pero te aseguro que hare miserable a ese chico—.
—No—grito y le mire impresionada porque mi hermano jamás me había gritado—No quiero que le hagas la vida imposible porque no quiero que estés cerca de él, no quiero que compartas espacio con él, no quiero que te hable o te mire—hablo con rabia.
Le mire.
— ¿Crees que voy a dormir tranquilo sabiendo que quizás mañana debes ir a casa de ese idiota ha hacer esa mierda de trabajo? —me pregunto pero no dije nada, solo mire a mis sabanas de osos en silencio.
—Puedo quedar con él solo en espacios públicos o si te sientes mejor, incluso te puedo avisar en donde vamos a quedar y que estés cerca—dije mientras intentaba buscar soluciones para que mi hermano no sufriera un ataque al corazón.
Mi hermano negó, estaba segura que aunque le dijera que íbamos a hacer el trabajo con él delante, no se iba a quedar tranquilo porque ver nuestros dos nombres juntos, le iba a doler.
—Lo voy a solucionar—dijo antes de irse de mi habitación cerrando la puerta de un portazo.
Me quede ahí quieta.
Estaba demasiado sorprendida por la actitud de mi hermano, en la vida le había visto tan enfadado, mi hermano no se enfadaba, nunca lo hizo y eso que tuvo oportunidades. Una vez Amelia le rompió su palo nuevo y mi hermano mantuvo la calma, incluso cuando Isabella mancho la camiseta firmada del equipo favorito de Christopher, mi hermano mantuvo la calma, jamás se enfada, jamás grita o hace algo que no deba.
Hasta ahora.
Iba a dejarle calmarse y le llamaría mañana, sé que mi hermano no haría nada que me perjudicase o que pudiera empeorar mis notas, iba a estar siempre por mí y para mí. Por ello, creo que mi hermano solo necesitaba tiempo, sé que iba a hacer lo mejor para mí, no dudaba de él.
Mi teléfono sonó sacándome de este pensamiento.
Conteste rápidamente.
—Hola—salude tranquila.
—Hola princesa—saludo mi padre al teléfono y sonreí— Acabo de ver tu mensaje y te he llamado cuando he podido—hablo.
Magnus Theodor Byrnes era el mejor padre del mundo, y obviamente era él mío, alto, rubio, irlandés y con ojos azules llego a la vida para amar a mi madre y ser el mejor padre del planeta, escuchaba, defendía y apoyaba como ninguno. Aunque pudiera perderse actuaciones, partidos o recitales, siempre llamaba antes y después, pero nunca se perdió un cumpleaños o unas navidades, lo tenía fácil, eran cuatro fechas al año, ventajas de que su mujer le diera embarazos múltiples.
—Papa, te echo de menos—confesé porque en estos momentos necesitaba con toda mi alma un abrazo.
—No me lo digas dos veces que voy para ahí y cenamos juntos—bromeo haciendo que riera porque ese era mi padre, el hombre que curaba las heridas del alma, amaba a mi madre por haber elegido también — ¿Por qué echas de menos a tu padre? —.
—Bueno, eres mi padre—dije.
—Sí, y tu madre es tu madre pero creo que sabes a quien decir esas palabras—dijo con tranquilidad porque mi madre se plantaría en mi casa sin pensárselo, era demasiado intensa y emocional, pero mi padre era más racional y por mucho que llorara pensaría un poco el venir a verme, mandaría a mi hermano a que me consolara antes de que ellos vinieran, al menos ganarían tiempo.
—Echo de menos que vengas a mi habitación tras las clases y me hagas sentir tranquila por no poder entender algo—mentí con el mayor cuidado de que no se notara.
Mis padres tenían una política de no mentir, pero en este caso era mejor que no supieran que Christopher estaba como loco porque iban a venir sin dudarlo y nos harían solucionarlo como los padres maravillosos que eran.
—Cariño, las cosas vienen con el tiempo, que no veas una cosa clara ahora, no significa que mañana no lo sea—hablo y suspire—Muchas veces debemos dejar que la almohada nos de la idea—.
—Lo sé—susurre.
—Sino sabes que no me importa pagar un tutor—hablo mi padre.
—No creo que haga falta—deje claro—No es que sea algo tan complicado, la literatura no es tan complicada como la medicina—.
—Pero es igual de importante—contesto mi padre—Mira, tu madre y yo os vamos a apoyar hagáis lo que hagas, si quieres dejar la carrera e irte un año fuera, y luego estudiar otra cosa, no va importar, creemos en ti y sabemos que hagas lo que hagas serás la mejor—dijo y suspire—Ya lo eres—añadió haciendo que tuviera que apretar los labios para no llorar—No te queremos más o menos por lo que estudies, si fuera así ¿No tendría que querer yo más a Isabella porque quiere ser como yo? Las cosas no van así—dijo y suspire—Un padre quiere a su hijo sin importar la decisión que tome, y nosotros te queremos sin importar que pase, y no me siento menos orgulloso porque estudies una carrera que la gente cree más sencilla—hizo una corta pausa—Ya me gustaría poder saber diferenciar autores o acordarme quien es de que generación, o los años, pero yo soy de matemáticas y tú de letras, de datos—hablo sin miedo, y aunque no fuera la razón por la que le llame que me recordara esto de vez en cuando me subía la moral—Además a mis socios les digo con orgullo que serás la próxima estrella, en que solo tú puedes decidirlo—.
—Te quiero—dije y escuche como mi padre reía—Sé que te lo digo todos los días—me queje porque mi madre me dejo esa manía, de decir todos los días a todas las personas que quería, que les quería—Pero lo hago—.
—Y yo te quiero más princesa—comento mi padre con tranquilidad—Y gracias por la lista de regalos para tu madre—.
— ¿Qué celebras ahora? —pregunte.
—Nada, tu madre se merece que le haga regalos sin importar la fecha, para que sepa que siempre pienso en ella—explico.
Mis padres eran la cosa más cariñosa y empalagosa del mundo, los amaba.
—Mama amara cualquier cosa que le des, aunque la tuviera—dije y mi padre rio—Siempre que sea rosa, es un acierto seguro—.
Hable con mi padre casi por una hora hasta que llego mi hora de cenar, era una persona organizada, tenía mis horarios para cenar y era algo que me importaba demasiado respetar y seguir, no podía saltar mis horarios así porque así. El orden era importante para que no hubiera descontrol.
Me acerque a la cocina a preparar mi cena con cuidado.
Escuche como la puerta se abría y se cerraba y Laima se dejó caer en la silla delante de mí.
—Odio el hotel—se quejó Laima que dejo caer su cabeza en la barra de la cocina, era uno de sus tres trabajos, ella quería trabajar con todo lo que pudiera y hablando seis idiomas, era algo demasiado normal que la pusieran en primera fila y trabajara con gente de todo el mundo.
—Dejalo—hable con tranquilidad—Tienes la cafetería y la biblioteca, no vas a morir por unos cientos de dólares menos—dije y me miro aún más sorprendida.
—No quiero pedir dinero a mis padres—se quejó y la mire. Mis tíos le darían el dinero que necesitara, seguramente, incluso mis padres se lo darían, pero Laima no quería depender de nadie, quería solo ella levantar su futuro por eso estaba aquí con becas y se lo pagaba todo.
—Entonces te seguirás matando a trabajar—dije y me miro—No es nada malo pedir dinero a tus padres, mi madre dice que un padre está ahí para ayudar, sus padres la ayudaron mucho cuando se fue a Alemania, los primeros dos años enteros, por ello creo que no es nada malo pedir dinero—.
Mi amiga me miro.
—Bueno, yo voy a seguir trabajando—dijo y le mire—Creo que cambiare el hotel por un restaurante que buscaban ayuda, creo que con ese trabajo puedo dejar también la biblioteca—comento.
Asentí mientras cortaba la fruta en trozos para que me acompañaran al pescado que tenía en el horno.
— ¿Qué vas a cenar? —me pregunto Laima, levantando su cabeza y quitando sus quejas de su cabeza.
—Pescado al horno con espárragos fritos—explique y me miro— ¿Quieres que te prepare algo? —le pregunte, pensaba que salía algo más tarde por lo que no le hice la cena, pero si hubiera sabido su horario, le haría la cena sin problemas.
—Hoy voy a cenar cereales—explico y asentí—Amo tu capacidad de tener una dieta semanal y no saltártela—hablo y le mire.
—Lo hago desde niña, ya es demasiado fácil—explique.
—Lo sé—dijo y la mire—Pero de todas formas creo que eres increíble por no cambiar la dieta cada mes, yo me hubiera aburrido—.
—Mi madre me cocina más cosas y diferentes, pero es que yo prefiero ir por seguro—aclare.
Me gustaba cocinar, pero no era buena en ello por lo que prefería ir por seguro con mis tres recetas.
Una vez tuve mi cena preparada, nos sentamos en el sofá para ver un programa random mientras cenábamos y lo comentábamos como si supiéramos algo de este.
No teníamos ni idea pero era una buena rutina.
A la hora exacta, me fui a dormir, odiaba no poder dormir ocho horas por ello me iba a dormir con el tiempo suficiente, para que todo cuadrada.
A la mañana siguiente cuando me desperté, agarre mi móvil y lo primero que vi fue un correo.
Un correo de mi profesor.
El profesor Collins.
Salte de mi cama mientras abría el correo con nerviosísimo.
El mundo se me vino encima, era un mensaje sencillo
“Como deje claro ayer, las parejas no son negociables, me tomare la visita de su hermano y la llamada del decano, como sugerencias y no la expulsare de la clase, pero ahora espero de usted y de su compañero, Alexander James Taylor, la excelencia”
Me quería morir.
Agarre lo primero que agarre para vestirme, ya no me importaba si iba a conjunto o que mi pelo se quedara despeinado, me puse el chándal y la sudadera de ayer, agarre mi móvil, mis llaves y salí de mi casa, con un objetivo claro.
Matar a mi hermano.
Camine lo más deprisa que pude por la universidad hasta la pista de hielo del equipo de hockey donde sabía que iban a entrenar a primera hora. Entre sin importarme los miles de carteles que decían “Solo equipo y personal autorizado”, en este caso era yo el personal autorizado.
Llegue a la pista donde mi hermano se estaba atando los patines.
—Eres un idiota—dije al acercarme a él y sin dudarlo le di el golpe más fuerte que pude en el brazo.
—Olivia—me llamo mi hermano y le mire—No puedes estar aquí—.
— ¿No puedo? —le pregunte—¿Y tú puedes acosar a mi profesor y al decano de la universidad para que me cambien de compañero? —le pregunte.
Mi hermano me miro.
—Byrnes, saca a tu novia de aquí—grito el entrenador.
—Es mi hermana—grito mi hermano que estaba empezando a cabrearse—Emergencia familiar, dame cinco minutos—pidió y el entrenador me miro y creo que mi cara de recién levantada y mi pelo le dejaron claro que era verdad.
—Cinco minutos y quiero tu culo en el hielo—dejo claro el entrenador.
Mi hermano agarro mi mano y me llevo a una esquina de la zona donde nadie pudiera verme o molestarnos, nada más llegar ahí, me solté de mi hermano y le mire molesta.
—No tienes derecho a meterte en mi vida—le deje claro y le mire—Te dije mi situación, y mi decisión, tú solo tenías que respetarla—le dije y me miro.
—Eres mi hermana pequeña, debo cuidarte—se quejó mientras intentaba mantener la calma que le caracterizaba.
—Solo por dos minutos idiota—le reclame y mi hermano me miro—Además realmente no sabemos quién es el mayor porque te recuerdo que nacimos por cesaría idiota—me queje y le mire—Eres tú el que estudia medicina si mal no recuerdo—hable y mi hermano me miro.
—No vamos a empezar con los insultos—aviso mi hermano y le mire—Nos conocemos bien los dos y tenemos armas crueles los dos, que no vamos a usar por nuestro bien—.
Respire porque tenía razón, solo quería que pidiera perdón, a mí y al profesor, tras esto teníamos que seguir siendo los hermanos que éramos, sin problemas ni dramas.
—He hecho lo que tenía que hacer—dejo claro mi hermano y le mire, siempre creía o quería hacer creer que era un héroe, esa persona que venía a salvar al mundo entero, mi madre siempre le llamaba su superman sin capa, y eso hacía que él se creyera capaz de todo, quizás lo era pero no era capaz de meterse en mi vida y cambiarla como le saliera de las narices—Taylor no es buena persona—.
—Nadie estaba juzgando su bondad—me queje mientras lo mire con rabia—Podrían haberme echado de la asignatura, solo por tu odio a ese chico—.
Necesitaba esa asignatura, era una asignatura que me daban demasiados créditos, y en la universidad se necesitaban todos los créditos que se pudieran conseguir, por eso cuidaba demasiado los créditos que podía conseguir.
Mi hermano estaba jugando con mi futuro.
—Tú también lo odias—se quejó.
Le mire.
No sabía si era odio lo que sentía, decía que si porque era lo que suponía que sentía por quien hizo daño a mi hermano, la incapacidad de ser amable con él o preferir otras cosas a tener que pasar tiempo con él.
—Si pero soy lo suficientemente capaz de respirar unos segundos y anteponer mi futuro a mis emociones—me queje y mi hermano me miro.
Estaba intentando mantener la paciencia, lo conocía, sabía bien que mi hermano estaba intentando no gritar ni pegar un golpe a algo porque no estuviera dándole la razón, siempre estaba del lado de Christopher, en todo, siempre teníamos la misma opinión, pasara lo que pasara, era casi sencillo para nosotros tener la misma opinión, siempre éramos aliados, por eso era mi mejor amigo pero ahora no estábamos de acuerdo, y no creo que pudiéramos estar de acuerdo.
—Ese chico me hace la vida imposible, ¿No crees que va hacerte daño para hacerme daño a mí? —pregunto con rabia.
Daga al corazón.
Siempre era marcada como la hermana del perfecto Christopher, capitán del equipo de hockey del colegio, primero en todas las clases, delegado de todos los cursos que pudo, llevaba el periódico del colegio, voluntario, hasta en la iglesia que iba nuestra familia todos lo amaban, todos querían que fuera el novio de sus hijas e hijos, era quien todos querían ser o querían tener como hijo, y yo era la hermana de Christopher.
Nunca era solo Olivia.
Para el mundo de los adultos era la hija de mi padre, la niña de Magnus, la hermosa hija de Magnus que era como una muñeca de porcelana, porque Isabella era la inteligente, Amelia era la talentosa y Emma era la graciosa, y yo solo era la muñeca bonita que decoraba la familia.
Nuca era Olivia y ese era uno de mis mayores dolores.
—Buenos días Christopher, no todo gira a tu alrededor—le grite con rabia.
Mi hermano me miro.
—Olivia, en esta universidad no eres la bailarina estelar, eres solo una estudiante más, una alumna sin más—me dijo y le mire, siempre odiaba que se creyera que éramos el hermano de o el hijo de, y ahora él estaba usando eso para hacerme creer que Alexander me iba a hacer daño por él.
—Es un maldito trabajo—me queje.
—Siempre empieza así—hablo y le mire—Un trabajo y luego te manipulara para que caigas como una estúpida más a sus pies, las chicas sois así de sencillas cuando un chico rico y guapo os hace caso—hablo con rabia y le mire para que se callara porque si seguí así, se iba a arrepentir—Te usara, te romperá el corazón para hacerme daño y luego como siempre tendré que resolver tu desastre porque no eres capaz de hacer las cosas con cabeza—.
Mire a mi hermano bastante dolida, no solo estaba insinuando que sería capaz de enamorarme de alguien que le hizo daño sino que era idiota y que no era capaz de hacer las cosas por mí misma y mi cabeza, me estaba insultando por todas partes, y eso me dolía porque jamás uso palabras tan hirientes.
—No vas a hacer ese trabajo—hablo mi hermano, no era una opción, era una orden.
No me gustaba que me dieran órdenes, no me gustaba para nada que me dieran ordenes, no me gustaba que me dijeran que tenía que hacer, era bastante capaz de saber qué hacer y cuando hacerlo, tenía diecinueve años y no era la primera vez que tenía que enfrentarme a una decisión complicada.
—Lo hare—dije y me cruce de brazos—Y sabes lo mejor, lo voy a disfrutar—dije y le mire—Porque llevo metiéndome en la cama de Alexander a escondidas meses y ahora lo podré hacer sin esconderme—dije sin dudar, sin que me temblara el pulso.
Mi hermano me miro cabreado.
Las palabras salieron de mi cabeza antes de que pudiera pensar, no organice la idea de lo que quería decir antes de decirlo pero ahora no me podía arrepentir, si lo hacía mi hermano ganaría y aunque esta competición no era de vida o muerte, pero era una batalla con mi hermano que no iba a perder.
—Ahora si me disculpas, me voy a desayunar—hable con tranquilidad y me aleje de mi hermano justo antes de que diera un puñetazo a la pared.
Camine fingiendo tranquilidad a la salida, tuve que respirar con fuerza para que mi hermano no notara el temblor de mis piernas, y esta vez no era porque mi cuerpo estuviera fallando, sino que mi cabeza estaba en pleno ataque de locura, tenía que caminar con cuidado para que mis piernas no me hicieran caer.
Al salir de la zona de deportiva, llegue al aparcamiento donde me encontré a Alexander saliendo de su coche con Blake, respire con fuerza al verlo sabiendo que tenía que hacer, y me iba a arrepentir.
Me acerque a ellos.
—Tenemos que hablar—le dije a Alexander, este levanto sus manos en señal de inocencia.
—No he hecho nada malo—dijo haciendo que suspirara.
Blake me miro divertido, era el mejor amigo de Alexander, eran como siameses y siempre estaban juntos.
— ¿Podemos hablar en privado? —le pregunte.
Alexander me miro con curiosidad.
—Creo que el argumento de que me lo vas a contar de todas formas, no sirve con esta chica—comento Blake clavando sus ojos verdes en mí, paso una mano por su pelo castaño y miro a su amigo.
—Pues no—dije y mire a Blake—Como si te cuenta todo mientras os pintáis las uñas, yo hablo solo con una persona, no con tres—.
—Seria con dos—aviso Blake y puse mis ojos en blanco.
Iba a pegar a este chico, iba a ser mi martirio en esta conversación.
—Tengo entrenamiento—hablo Alexander y me miro—Si esperas dos horas, quedamos para desayunar—comento.
¿Desayunar? Mierda, se me había olvidado que tenía que desayunar. De forma normal tenia normas y alarmas para las horas en las que tenía que comer pero como había salido tan rápido de casa por el enfado con mi hermano que se me olvido respirar.
—No, quedamos en dos horas para hablar pero me voy a desayunar ahora, sola—dije sin pensarlo y me gire—Escríbeme un correo—.
— ¿No es mejor un mensaje? —pregunto Blake.
—Ni lo intentes, con esa chica eso no va—respondió Alexander con tranquilidad.
No dije nada más, no merecía la pena.
Camine alejándome de ellos para ir a la cafetería más cercana y desayunar, no me solía dar el lujo de desayunar fuera de casa, pero en este caso, me parecía una buena opción, tenía demasiada hambre y necesitaba comer antes de desmayarme.
Tras desayunar, volví a casa para poder peinarme y que la gente dejara de mirarme.
Entre en silencio en casa y cuando me di cuenta que Laima no estaba, respire con tranquilidad.
Me metí a mi habitación.
Me cambie rápidamente con la ropa que había decidido que me iba a poner hoy y prepare mi bolso.
Odiaba haber salido así de rápido pero mi hermano era un idiota que merecía que le pegara un puñetazo.
Mi móvil sonó y cuando lo cogí, era un correo.
De Alexander.
“En mi casa, en diez minutos. No hagas que me arrepienta, Byrnes”
Y obviamente su dirección iba adjuntada.