CAPITULO 3

4775 Words
El mensaje aún me tenía demasiado confundida y tarde unos segundos en procesarlo. Respire hondo. Rápidamente llame a un taxi para que me llevara a casa del idiota. Aunque sabía conducir y mi padre insistiera en comprarme un coche, odiaba conducir. Mientras que yo vivía en un pequeño apartamento en el campus, esos edificios que eran de la universidad y el alquiler eran menores pero perfectos para estudiantes que necesitaban ir rápido a clase y no tenían todos los recursos del mundo, Alexander vivía en una enorme casa en la ciudad cercana a la universidad, sin las normas de la universidad. Yo podía haber tenido una casa alejada de la universidad, pero para mi salud mental y física, era mejor la casa que tenía. Llegue exactamente en siete minutos y medio. Toque la puerta de la casa de tres plantas en el centro de la ciudad. Treinta y cinco segundos después, alguien abrí la puerta. Una chica con el pelo castaño y ojos verdes, era alta y guapa, delgada. — ¿Tú eres? —me pregunto y le mire. La chica era imponente, parecía que te iba a matar en cualquier momento, era esas chicas que no necesitaban a nadie para defenderse, solo ellas podrían quemar el mundo. —Nadie que te importe—hable mientras intentaba mantener la calma, quizás no era buena idea enfrentarme a esta chica pero conociendo a Alexander sé que no iba a compartir piso con una chica, así que no tenía porque no la volvería a ver— ¿Esta Alexander? —le pregunte cruzándome de brazos. La chica me miro. Mi falda era negra pero la camisa era blanca, y mis parisinas eran blancas. —Claro, pasa—hablo la chica dejándome entrar, claramente esta chica no era la dueña de la casa así que debía dejarme entrar porque no tenía nada que hacer en esa casa. Entre y mire la casa, según entrabas llegabas al salón que estaba echo un desastre con cosas tiradas por todas partes y los muebles algo descuidados. Era un espacio enorme, un salón y una cocina cerrada, cosa que no era normal en las casas americanas. Había una puerta abierta que dejaba ver el garaje, unas escaleras y dos puertas cerradas, una seria el baño y la otra ¿otra habitación? Seguro era un gimnasio. No pensaba tocar nada. —Alex—grito la chica mientras me miraba. Pocos segundos después, un Alexander sin camisa y con una toalla en los hombros bajo por las escaleras, iba solo con un pantalón de chándal que lo llevaba bajo, se veía la V masculina bien marcada, y sus músculos, porque este chico los tenia todos y cada uno de ellos marcados. Alexander me miro. —Aún faltan dos minutos—se quejó y le mire. Mire mi reloj. —Veinte segundos para ser exactos, si tenemos en cuenta el tiempo que me han retenido en la puerta—me queje y la chica soltó un bufido, yo me limite a cruzarme de brazos—He contado el tiempo desde que eh recibido el mensaje—. Era bastante meticulosa con el tiempo y en que invertía este. —Dime que conoces a esta pija, porque si no la echo—hablo la chica. —Tranquila Natalie, ella es Olivia—hablo Blake apareciendo tranquilo desde lo que creo que era la cocina, iba solo con unos boxers y el pelo mojado, estaba comiendo unos cereales—¿Quieres un poco? —me pregunto pero negué, no era mi hora de comer—Si quieres tenemos zumos o café—comento. — ¿Es esa Olivia? —pregunto Natalie y Blake asintió. Les mire intentando no estar enfadada porque el idiota de Alexander hablara mal de mi y de mi hermano, estaba claro que todo me estaba indicando que me fuera de esa casa, en esta casa eran solo unos locos. —No he venido a comer ni beber—hable y mire a Alexander— ¿Podemos hablar o no? —pregunte. Alexander pasó su mano por su mandíbula y me miro. —Voy a suponer que no vas a querer ir a mi habitación—comento y le mire. —Si toda la casa es igual de desastre que esto, prefiero el jardín—deje claro y todos me miraron sorprendidos—Mis hermanos de quince años son mucho más ordenados que vosotros—deje claro. Puede que eso fuera por mi madre, pero eran más ordenados y cuidadosos que todos los que vivieran en esta casa. —Vamos a la cocina—dijo Alexander señalando la puerta de la que había salido Blake, mire al chico esperando que se quitara de la puerta, Blake me miro sin entender mi mirada. —Blake, apartate, está claro que la señorita no quiere que la toquemos—hablo Natalie. Blake se apartó de la puerta. Entre a la cocina que estaba sorprendentemente limpia, se podría comer en el suelo incluso. —Habla—dijo Alexander cerrando la puerta detrás de él. —Mi hermano seguramente intente matarte en los próximos días—explique. —No es novedad—hablo con tranquilidad. Le mire. —Puede que esta vez con más intensidad—hable y deje mi bolso en la encimera para girarme a mirarlo—Y seguramente sea mi culpa—hable y Alexander me miro con muchas dudas. —Ahora entiendo su agresividad excesiva en el entrenamiento—comento con tranquilidad como si ni le doliera el cuerpo tras dos horas corriendo y haciendo deporte. —Lo siento—hable con sinceridad pero no estaba muy segura de que lo sintiera. Alexander me miro sorprendido pero no dijo nada sobre el tema. —Si es por el trabajo, podemos hacerlo por separado y hablar por correo—hablo y le mire impresionada—No quiero que te sientas incomoda y claramente estas incomoda si estoy cerca—. Trague salida. —No es por eso—dije y le mire—Le he hecho creer que estamos tonteando desde hace meses—confesé. Alexander rio. —Va enserio—dije haciendo que me mirara sorprendido. — ¿Y se lo ha creído? —pregunto sorprendido. —Nunca le he mentido, no tiene por qué creérselo—deje claro. —Es imposible que nunca le hayas mentido, siempre se dice una mentira piadosa—hablo con impresionado. —No es así como funciona nuestra relación—aclare y le mire juntando mis manos—Pero esa no es la cosa, necesito que si te preguntas, le digas que nos estamos viendo—dije. — ¿Solo con mis palabras se lo va creer? — pregunto y le mire — ¿Por qué ibas a querer hacer enfadar a tu hermano? Es el niño bueno y tú la niña buena—. —No es asunto tuyo—deje claro y me cruce de brazos. Mi hermano no iba a creer nada que no viera, tenía claro por su no llamada a mi madre o miles de mensajes que aún no se creía que estuviera en algo con Alexander, pero si mi hermano se creía que me podía decir cosas hirientes y salir como si nada, estaba loco. —Tienes razón—suspire—No se va creer nada que no vea, no es tan simple—me queje y estire mis brazos—Tendrás que fingir que eres mi novio por unas semanas—. —Para el caro—aviso y le mire—No pienso fingir nada—dejo claro y le mire. — ¿Por qué no? —pregunte molesta. — ¿Que gano yo?—me contra pregunto. —Claro que sí, no puedes hacer nada por bondad—hable demasiado molesta y contendiendo el lanzarle algo porque necesitaba con todas mis fuerzas que me ayudara, no había pensado en esta parte, mi idea era solo pedirle que mintiera y ya pero este plan me daría tiempo para darle una lección a mi hermano— ¿Qué quieres? Con esto vas a poder molestar a mi hermano, cosa que adoras—dije. Alexander me miro pensativo. Demasiados segundos pasaran. El tiempo se me estaba haciendo eterno mientras me miraba en silencio, no estaba acostumbrada a los silencios, odiaba con toda mi alma que la gente se callara, mi casa siempre era un lugar lleno de gritos por ello no estaba acostumbrada a que la gente no gritara por todo. —Quiero que me des clases de alemán—hablo y le mire—Vivías en Alemania ¿no?—. —Sí, nací ahí pero no entiendo porque quieres aprender alemán y de mi—hable sin entender la situación. —Un equipo alemán de Hockey quiere que juegue ahí—comento y le mire—Sería una buena forma de jugar y expandir los negocios de mi familia, pero no tengo tiempo de ir a academias que me marquen horarios, si tengo una profesora a la que llamar cuando quiera, será mejor—. Su explicación tenía sentido. —Vale, pero tengo condiciones—deje claro. Alexander se acercó al frigorífico para agarrar un block de notas y un bolígrafo. —Te escucho—hablo divertido. —Esto es falso, no sentimos nada el uno por el otro y por eso solo seremos cariñosos en público y sin pasarse, no quiero que me metas mano como hacen tus amigos con las chicas con las que se andan—deje claro porque para ser sincera nunca había visto a Alexander en público con una chica, si en fiestas pero no en el campus. —Contacto solo en público—resumió y lo escribió—Tendrás que venir a mis partidos—. —Ya voy a vuestros partidos—me queje. Me miro. —Con mi camiseta—dejo claro y le mire impresionada—Es lo que hacen las novias de los jugadores, si quieres fingir ser mi novia tienes que coger el paquete enterró—. Asentí. —Bien—me rendí y le mire—Nadie puede saber de este trato, no me importa lo que le digas a tus amigos pero es secreto—. Alexander dio golpes con el bolígrafo a la mesa y me miro. —Blake y Natalie lo deben saber, me has mirado con asco y a la casa, no se van a creer que has venido a declararte como si nada—explico y le mire—Además estoy segura que tienes una amiga a la que le contaras esto—. Negué. —No se lo contare a Laima, ella se lo contaría a Christopher—aclare. —Menuda mierda de amiga—hablo Alexander. —Situación compleja mejor dicho—corregí y me miro. —Tendrás que venir a las fiestas de equipo—me dijo y le mire—Nadie se va creer que me dejes solo en una fiesta con tantas mujeres que se quieran tirar a mis brazos—. —Bien—dije aunque odiaba esa idea—Pero no puedes estar con nadie porque si no el plan se va a la mierda—dije. —Llevo sin estar con chicas desde hace cuatro meses, así que no me importa esa parte del trato—comento, quería preguntarle porque, era mi vena cotilla gritándome que preguntara—Y tendremos una cita todos los viernes, es una cosa que hacen mis padres y mis amigos más cercanos saben que me encanta—. ¿Quiénes eran sus amigos más cercanos? Suponía que las personas con las que compartía piso, pero no podía llamar amigos más cercanos a quinientas personas con las que hablaba. Asentí en señal de que aceptaba la condición. —Debo terminar yo la relación—dije y Alexander me miro—Es una cosa importante con mi hermano, tu solo escríbelo, creo que con unos meses de farsa llegara, luego rompo la relación, tu sufres un poco y usas algunas vacaciones para recuperarte—. Alexander no saco sus ojos de mí. —Bien—dijo—Me parecen condiciones justas—concluyo escribiéndolas y me paso la nota para que la firmara. Esto no era una comedia romántica por lo que ni él ni yo sugerimos la norma de no enamorarnos, no iba a pasar eso. Firme. —Un placer hacer negocios contigo, Alexander—dije devolviéndole la nota. —Alex—me corrigió y le mire. — ¿Qué? —pregunte confundida. —Si vas a ser mi novia, llamame Alex, todos mis amigos me llaman así—aclaro y le mire—A ti te llaman Oli ¿no? — pregunto y negué. —Livvie—aclare—Mi madre odia el mote Oli, no deja que nadie me llame así—explique sin saber muy bien porque le daba esa información. —Tendré que buscarte un apodo—comento acercándose a mí, me quede quieta, pero me cruce de brazos para proteger mi cuerpo— ¿Princesa? —pregunto pensativo. —Mi padre me llama así—susurre. Alexander se acercó más a mí. —Claro, como no te iban a llamar así—susurro y dio un paso más hacia mi haciendo que estuviéramos casi pegados, mis parisinas tocaban las puntas de sus dedos—Baja las manos, nena—susurro y le mire. — ¿Qué quieres Alexander? —pregunte. —Muy mal—hablo y le mire, Alexander se acercó mucho a mí, rozando mi mejilla con su mejilla que picaba por su barba—Llamame Alex—susurro en mi oído. —No estamos en público—aclare. —Dilo—ordeno. —No—deje claro y clave mis ojos en él— ¿Tanto placer te da o qué? — Alexander se alejó de mí y me miro mientras soltaba un fuerte suspiro. —Eres impresionantemente seria—hablo pasando una mano por su barbilla—Te has puesto incomoda solo con que estuviera cerca de ti ¿Cómo crees que los demás se van a creer que et gusto? —. —Pues haz magia—dije. —Juego hockey, no soy mago—dijo y le mire—Empieza a dejarme que te toque o todo esto saldrá mal—. Baje mis manos cruzadas y le mire. Mi móvil sonó y me acerque a mi bolso. — ¿Qué es eso? —pregunto sorprendido. —Mi alarma para mi snack de media mañana—aclare. Apague la alarma y saque mi barrita de frutos secos del bolso. — ¿Estas de coña? —pregunto—¿Tienes alarmas para cuando puedes comer? Come cuando tengas hambre y ya—. —No—hable y le di un mordisco—Yo no juzgo tus comidas y tú no juzgas mi sistema—deje claro y me miro. Alexander levanto las manos en señal de rendición. —Espero que aprovechemos este tiempo para hacer el trabajo también—aviso y le mire. —Si claro, lo haremos—dije y le dio otro mordisco a la barita. — ¿Tienes clase? —me pregunto y le mire—Puedo llevarte al campus—. —No tengo clase hasta la tarde—deje claro. Alexander me miro. — ¿Quieres hacer el trabajo? —me pregunto y le mire. — ¿Tú no tienes clase? —le pregunte. —Nunca tengo clase los miércoles—comento y le mire impresionada. —Podemos hacer el trabajo—. —Elige, salón o mi habitación—. —Salón—dije sin dudarlo, porque prefería coger una infección a entrar en su habitación. Salimos de la cocina para encontrarme a Blake, Natalie y un chico en silla de ruedas que nos miraban con los brazos cruzados. —Olivia, ya conoces a Blake—dijo señalando al chico—Natalie—señalo a la chica que me abrió la puerta que me miraba con cara de pocos amigos—Y el otro chico es Owen, falta Silvia que estará en clases pero ya la conocerás con el tiempo—. Mire a Owen, pelo castaño rizado, ojos verdes y no sabía si era alto o no, pero iba a suponer que sí. —Encantada—salude con cuidado. — ¿Tu eres la hermana de Christopher? —me pregunto Owen. Asentí. —Sois iguales—se quejó el chico de ojos verdes. —Somos gemelos—dije y todos me miraron. —Siempre pensé que Christopher repitió un año o algo así, incluso que os llevabais ocho meses o cosas así—se quejó Blake. —Los embarazos múltiples existen—aclare. Todos me miraron como si fuera una alienígena. — ¿Nunca habéis conocidos a gemelos? —pregunte sorprendida y cruzándome de brazos—No me quiero imaginar como fliparíais si conocierais a los cuatrillizos—. — ¿Quiénes son los cuatrillizos? —me pregunto Owen y le mire. —Mis hermanos pequeños—dije mirando a Alexander y me miro—Seguro conoces a alguno, mi padre menciono que vendría a algún partido de Chris, y seguro que solo por tener paz, se lleva a alguno—. — ¿Sois seis hermanos? —me pregunto Blake impresionado. —Ocho—corregí. Todos menos Alexander me miraron sorprendidos. —Sois como un mini equipo de futbol—comento Blake. —Una secta diría yo—hablo Natalie. —Para un equipo de futbol se necesitan once, que son los mismos que vuestro querido futbol americano—hable y me miraron—Quizás fútbol sala, quizás un cuatro contra cuatro pase—comente y mire a Natalie—Pero no somos una secta, quizás una tribu pero al menos no nos aburrimos—. Todos me miraron impresionados. —Bueno—hablo Alexander—Tenemos un trabajo que hacer—comento. Rápidamente Alexander puso una mano en mi espalda baja, haciendo que me tensara. —Te lo repito, nena, o te empiezas a dejar de poner incomoda o no va funcionar—susurro en mi oído mientras me llevaba a los sofás, rápidamente quito ropa de estos para dejarme un espacio limpio. — ¿Nena? —pregunto Blake sorprendido. —Ah si—Alexander se levantó y miro a a sus compañeros de piso—Olivia es mi novia—dijo sin dudarlo—Y necesito que hagáis la colada—dijo señalando la ropa por el salón. Alexander se sentó a mi lado y le mire. —Pensé que ellos iban a saber la verdad—susurre y me miro. —Eso no significa que no pueda torturar un poco a mis amigos—hablo y le mire. Negué. —Vamos a empezar—resumí mientras sacaba mi Tablet. Alexander se acomodó en el sofá mientras me miraba. —Deberíamos empezar con su biografía, será mucho más rápido—comente. — ¿Hablas irlandés? —me pregunto y le mire—Tu padre es irlandés—. —Si—dije—Si a las dos, mi abuela paterna solo habla irlandés por lo que tuvimos que aprender—aclare porque por su mirada estaba claro que quería una explicación que no merecía—Al igual que hablo español por mi abuela materna—añadí sin saber porque se lo contaba—. —Por mucho que no me quieras dar información, tengo que saber cosas de ti si quieres hacer esto más creíble—comento, cerré mi Tablet y me gire para mirarlo por completo. —Bien, te respondo diez preguntas pero tú debes responderlas también—dije, porque si le daba esa norma, sabía que no me haría preguntas que él no quisiera responder. — ¿Color favorito? —pregunto y le mire. —Rosa—. —El mío es el azul—respondió con tranquilidad— ¿Comida favorita? —. —Creo que el sushi pero quizás la pizza, no estoy segura—confesé porque no pensaba mucho en comida. —Te pegaba algún tipo de dulce—añadió y le mire. —No como dulces—deje claro y me miro impresionado pero prefería dejar eso claro antes de que viniera un día con un croissant o algo así delante de mi hermano y este supiera que todo era mentira. —Mi comida favorita son las hamburguesas—confeso y le mire impresionada por su facilidad para cambiar de tema — ¿Película favorita? —. Le mire. —No tengo—deje claro. —Es imposible que no tengas película favorita—se quejó y le mire—Yo adoro las de A todo gas—. —Suelo leer antes que ver películas o series, y prefiero los musicales—deje claro y le mire—Pero no hay una película que se haya grabado en mi para decir que la vería mil veces, amo las de Disney pero no sé si decir Mulan contaría, pero son las que veo más veces—. — ¿Cómo se llaman tus hermanos? —pregunto. —De mayor a menor—hable y le mire—Christopher pero ya le conoces, luego van Isabella y Amelia, disiente años y son idénticas, rubias y con ojos verdes—conté—Luego están Matheo, Henry, Daniel y Emma, todos tienen el pelo rubio menos Henry que lo tiene castaño pero todos tienen los ojos azules o verdes, Emma y Daniel azules, Henry y Matheo verdes, tienen quince años—. —Yo no tengo hermanos—dejo claro y le mire—Pero mis amigos son como mis hermanos—. —Bonito—dije sin saber muy bien que responder, un amigo podía ser como tu hermano pero no era lo mismo que la relación que se tenía con un hermano, esa relación era única y especial. — ¿Tienes segundo nombre? —. —Eso no es justo porque todos saben que tu segundo nombres es James, no estoy aprendiendo nada nuevo—me queje pero él me miro. —No dijiste que no pudiera ser algo que no supiéramos—aviso. Bien, iba a dejar las cosas clarísimas a partir de ahora. —Marie Anne—dije y me miro—En honor a mis dos abuelas—explique haciendo que asintiera en silencio. — ¿Tu abuela española se llama Marie? ¿O Anne? —me pregunto sorprendido. —No, pero mis padres buscaron adaptaciones de los nombres para que todos pudieran pronunciarlos—dije y le mire—Y eso cuenta como una pregunta—. —Yo me llamo Alexander por mi padre y James por mi abuelo, soy la mezcla de los dos Taylor según mi abuela—dijo y le mire. No sabía mucho de la historia de la familia Taylor, se lo que me conto uno de los amigos de Christopher, una familia que comenzó hace generaciones de la nada y construyo un imperio multimillonario. — ¿Por qué tienes alarmas para comer? —. Le mire. —Yo como cuando quiero porque gasto mucha energía y necesito comer, como demasiado—explico. —No voy a responder a esa pregunta—. —Es parte del juego—dijo Alexander. —Sabes bien a que estás jugando Alexander—le dije—Que yo haya accedido a responder unas preguntas básicas, no significa que puedas meterte en mi vida, esto solo es temporal y superficial—le avise. Alexander pasó su mano por el respaldo del sofá y se acercó a mí. Su cuerpo estaba a centímetros del mío, notaba su respiración en mis labios, su nariz casi rozaba la mia. Tuve que quedarme muy quieta para no acercarme de más o que empezara con sus comentarios de que me incomodaba. ¿Me incomodaba? Sí. Pero eso no era historia para que Alexander supiera. — ¿Debo preocuparme? —pregunto y le mire. —No—respondí cortante—Se cuidarme sola—añadí. —No lo dudo—hablo con tranquilidad, y movió una mano a mi pelo para jugar con un mechón— ¿Por qué me odias? —. Le mire. Sabía muy bien porque le odiaba, se lo grite hace tiempo, hice que lo supiera, hice que supiera porque nunca estaría cerca de él, aunque ahora estuviera sentada en su sofá. No hubiera imaginado que esto pasara ni en las mayores de las locuras, ni en mis mayores pesadillas pero aquí estaba y lo peor de todo, tenía que ser amable con él. —Alex—llamo Blake haciendo que Alexander se alejara con brusquedad para mirar a su amigo, su amigo le miro con sorpresa e hizo que Alexander se acercara a él con peso rápido. Intercambiaron unas palabras en susurros, antes de que Alexander se alejara de su amigo y se sentara a mi lado de nuevo. Negué. — ¿Algo que comentar? —me pregunto y le mire. —No—. Alexander se acercó algo más a mí, haciendo que nuestras rodillas se rozaran. No le mire. — ¿Por dónde íbamos? —me pregunto haciendo que me sorprendiera un poco—Creo que estabas apunto de besarme—. Lo mire sorprendida. —No te voy a besar nunca—deje claro. —Si no me besas nadie se va creer que somos pareja—. Tenía razón. Pero no iba a besarle. —Pues dices que tienes una norma de no besos en público o lo que te dé la gana, pero no vamos a besarnos—. —Prefieres que te meta mano en público, ¿Antes de que te de un simple beso? —pregunto y le mire. —Tampoco puedes meterme mano en público, pasas tu mano por mi hombro o besos en la mejilla y ya—deje claro y me miro. —No estamos en el siglo doce y mucho menos somos niños de instituto—hablo y le mire—Nadie se va creer que estoy contigo sino puedo tocarte de formas adultas—dejo claro— ¿Qué ganaría yo? —. —Quizás estás enamorado y disfrutar de ver a tu novia—. —Si estuviera enamorado de ti—hablo y le mire—Locamente—añadió acercándose a mí, volvíamos a estar a pocos centímetros peo ahora mi nariz si rozaba con la suya—No te quitaría las manos de encima—hablo y le mire—Y se, que tú tampoco lo harías—. No dije anda, no me moví, me quede quieta mientras Alexander solo me miraba, note como sus manos se colocaban en mis rodillas. Trague saliva. —Te sentaría encima de mí en todo momento—hablo y le mire—Estaría todo el día acariciando tus piernas—hablo mientras suvia un poco sus manos—Y si no puedo estar sentado, te tendría todo el tiempo agarrada de la cintura, apretándote contra mí—susurro con sus manos moviéndose con suavidad—Y si tú estás sentada, me metería entre tus piernas—hablo mientras masajeaba el interior de mis muslos, sus manos estaban debajo de mi falta y solo por eso no usaría jamás falda con él presente—Acariciaría sus piernas—susurro y trago saliva haciendo que la manzana de Adán se marcara mucho más—Jugaría con tu ropa—hablo y le mire sin saber que hacer—Con tus labios—hablo mientras sus manos se movieron de mis piernas a mi cintura. Salte del asiento alejándome de él completamente. —Me tengo que ir—hable rápido. —Solo estábamos hablando, siéntate y hacemos el trabajo—pidió pero negué mientras metía mis cosas en mi bolso—Byrnes—me llamo y le mire. —Me acabo de acordar que tengo tutoría—mentí. Se me estaba haciendo costumbre mentir y no me gustaba. —Te acompaño a la puerta—hablo Alexander levantándose. —Se dónde está y puedo ir sola—dije y camine a la puerta. —j***r Olivia, deja de actuar como si tuviera una enfermedad contagiosa—se quejó pero no respondí por varias razones. La primera es que me sorprendió demasiado que me llamara por mi nombre, era la primera vez que lo hacía. La segunda es que necesitaba huir de ahí. Y la tercera es que me había sorprendido demasiado que no me diera asco que me tocara. No podía seguir en esta casa sin volverme loca, por lo que me fui a un lugar seguro en el que mis pensamientos eran controlados.
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