En la mañana siguiente, Dolly despertó sintiéndose extraña porque durante toda la noche lo único que pensaba, era en cómo fue posible que el destino la hubiera unido a un ser tan detestable como lo era Bruno. Ella tenía entendido que los lazos y las otras mitades se creaban en un mutuo acuerdo, en donde las dos partes se amaban, pero ¡Ella no lo amaba!, mejor dicho, Dolly detestaba a Bruno por ser inmaduro, odioso, mujeriego, entre otro sin fin de adjetivos que en ese instante la castaña prefería no pensar. No obstante, ahora podía sentir que su corazón estaba dividido, era como si Bruno se hubiese llevado esa otra mitad durante la noche, ¡Aquel lazo fue un asalto a su existencia!, así lo veía la joven viendo sus manos observando como un lazo rojo imaginario estaba atado en su dedo anular,

