Capítulo 7

822 Words
[“La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla.” - David Hume] En el camino, Emiliano le describía lo que encontraba: las casas, los pequeños comercios, los edificios; y Alba guardaba en su memoria toda la información que recibía. Después de caminar algunas cuadras, llegaron a una pequeña cafetería, un lugar acogedor que Emiliano había descubierto recientemente. —Este lugar tiene el mejor café de la vuelta y un montón de cosas ricas —dijo mientras abría la puerta para que ella entrara primero, dejando que el aroma a café recién hecho los envolviera. Emiliano, con una sonrisa amable, miró la mesa junto a la ventana. —¿Qué te parece si nos sentamos junto a la ventana? La luz del sol da directo, perfecto para un día de otoño como hoy —sugirió. Alba asintió, agradeciendo la consideración de Emiliano por elegir un lugar donde pudiera disfrutar de la calidez del sol sobre su piel. —Me guiás… Emiliano le tomó la mano y, despacio, se dirigieron hacia la mesa elegida. Retiró la silla y Alba tomó asiento, dejando el bastón apoyado sobre el ventanal. Una vez acomodados, pudieron sentir la calidez del sol que los abrazaba suavemente. La mesera, con paso ligero, se acercó y extendió los menús, sin percatarse del bastón de Alba. Emiliano, con reflejos rápidos, interceptó el menú destinado a la chica y le lanzó una mirada de desaprobación a la mesera. Al darse cuenta de su descuido, ella se disculpó con una inclinación de cabeza y se alejó rápidamente. —Me llaman en cuanto elijan… —Te leo las opciones, y me decís qué te gustaría —dijo Emiliano con voz suave pero firme. Alba sonrió, agradecida por la sensibilidad del chico. Mientras él leía en voz alta, Alba escuchaba atentamente, imaginando los sabores y aromas. Con una expresión satisfecha, eligió un latte y una tartaleta de manzana, mientras que Emiliano se decantó por un cappuccino y un tostado. Tras unos momentos de silencio, en los que solo se escuchaba el murmullo de la cafetería y el suave tintineo de las tazas, Emiliano rompió el silencio. Alba se tomó un momento antes de responder, disfrutando de la calidez del sol y la compañía de Emiliano. —¿Dormiste bien? —preguntó con genuino interés, inclinándose ligeramente hacia adelante. Alba se tomó un momento antes de responder, saboreando la calidez del sol y la compañía de Emiliano. —Dormí rebién, gracias. ¿Vos? —Sí, bien, siempre demoro en dormirme, pero ayer ni bien apoyé la cabeza en la almohada, planché. —¿Tan aburrida soy? —preguntó riendo, a sabiendas de que era una broma. —¡Nooooo! Claro que no, es solo que estaba ansioso por que amaneciera —dijo esto último casi como un murmullo. Sintiéndose expuesto, enseguida cambió el tema—. ¿Tenés algún plan para el resto del día? Alba reparó en las palabras de Emiliano que, aunque apenas audibles, pudo escuchar claramente y, en silencio, compartió el sentimiento. —No, no tengo planes específicos… ¿tenés algo en mente? —planteó con una mezcla de curiosidad y apertura a la aventura que pudiera proponerle Emiliano. —Tenía idea de dar un paseo por los alrededores, quizás ir al parque que está a unas cuadras de acá. Hay un lago con patos y los fines de semana, a veces, no siempre, hay música en vivo, y suele no ser de la mejor calidad, pero no está tan mal… —dijo con entusiasmo, al tiempo que daba un sorbo a su cappuccino. Ella sonrió, visualizando la escena en su mente, y luego inclinó su cabeza, como si pudiera contemplar el paisaje que Emiliano describía. —Me encanta la idea, me gusta sentir la vida a mi alrededor, escuchar los sonidos de la naturaleza y disfrutar de los aromas —dijo con una voz llena de emoción—. Y la música… aunque no sea perfecta, tiene su propia belleza. Emiliano, admirado, reflexionó una vez más sobre la habilidad de Alba para percibir el mundo de una forma única. —Entonces, es un plan —afirmó con una sonrisa que Alba podía percibir—. Después del parque, si te parece bien, podríamos volver al campus. Esta vez me gustaría tocar algo para vos. La idea de escuchar a Emiliano tocar su saxofón llenó a Alba de una calidez que superaba el calor del sol filtrándose por la ventana. —¡Sí, claro! ¡Amé la idea! —expresó Alba, su corazón latía con una mezcla de alegría y una pizca de nerviosismo. Mientras terminaban su desayuno, ambos se sumergieron en sus pensamientos. Emiliano se preguntaba si disfrutaría de la música tanto como él se deleitaría tocándola para ella. Alba se sentía agradecida por la sensibilidad y compañía de Emiliano. Sabía que este día sería uno de esos recuerdos preciosos que se atesoran para siempre.
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