CAPÍTULO VIIICuando Marisa llegó de regreso al Castillo, se encontró a la mi amontar, la señorita Whitcham bajó corriendo los escalones. —¿Está bien Aline?— preguntó angustiada— ¡Dígame, pronto, lo que sucedió! Estaba de la servidumbre en el vestíbulo, esperando y al verla dijo: —Aline está bien y no va a sucederle nada— contestó Marisa, y entonces se volvió hacia Turner, que esperaba en lo alto de la escalera y le preguntó: ¿Qué hora es? —Casi la una y media, señorita— contestó Turner—. Su Señoría debe estar ya en camino a estas horas. —Así lo espero— murmuró Marisa. —Desde luego, señorita, tenemos que considerar el tiempo que debe haber tomado encontrar a los cazadores. Si estaban a cierta distancia de la casa, su señoría no pudo volver en el carruaje de inmediato. Habrá tenido qu

