ALESSANDRO El agua caliente caía sobre mi espalda como si intentara arrancarme los pecados. Spoiler: no iba a funcionar. Apoyé las manos contra el mármol de la regadera, cerré los ojos y respiré hondo. Pero solo bastaron tres segundos para que su imagen apareciera como un maldito tatuaje en mi mente. Elena. Con ese vestido. Con ese perfume. Con esa voz cuando me dijo “¿no te vas a quedar?”. Joder. Mi v***a ya estaba dura desde que subí al ascensor, pero en la regadera... era una maldita tortura. Me envolví la mano, apreté con fuerza, y empecé a moverla con rabia. Porque sí, estaba caliente. Pero también frustrado. Porque la tenía a unos metros, la podía tener contra la pared, gritando mi nombre, temblando como lo hace cada que le meto la lengua hasta el alma... y aun así, me fui. ¿Por

