ELENA Desperté con la garganta seca, las piernas temblorosas y el cuerpo… desecho. Tardé un segundo en recordar dónde estaba. Y otro más en recordar por qué carajos estaba así. Entonces, el dolor entre mis muslos me devolvió todo de golpe. Los orgasmos. Las embestidas. El árbol. La maldita mesa. La furia de Alessandro. Y su nombre, el maldito nombre que grité sin pudor mientras me corría. Me cubrí el rostro con la mano y gemí... de frustración. ¿Qué carajos me pasa con este hombre? Tres semanas sin sexo. Tres putas semanas sin su maldito cuerpo, sin su boca, sin sus gruñidos animales y su manera bruta de hacerme olvidar mi nombre. Y ahora estaba aquí. Inconsciente. Tirada como una cualquiera. Cuando logré sentarme, la sábana cayó y me detuve a mirar mi pecho. Moretones.

