ALESSANDRO Me levanté antes que el sol. El cuerpo entumecido, la mente despierta desde mucho antes. Dormí en la habitación contigua. No podía quedarme a su lado. No después de lo que le hice. No después de verla llorar. Anoche, mientras ella dormía, pensé en dejarla ir. En terminar con este infierno. Pero aún no. No mientras su cuerpo esté cubierto de mis marcas. No mientras su reputación pueda ser usada en su contra. Si la dejo ahora, el mundo pensará que fui yo quien la desechó. Que su valor acabó. Y eso no lo voy a permitir. Elena puede odiarme, pero jamás permitiré que otros la humillen. Así que decidí lo que haré. La trataré como lo que es: mi esposa. Mi reina. Al menos en público. En las galas. En las reuniones. En los negocios. Cuando el mundo la mire, verá a una Vannicelli

