El demonio italiano

1747 Words

ALESSANDRO Samuel mandó el mensaje. Una palabra. Una sola: "Movemos." Eso bastaba. Apagué el cigarro contra el cenicero del auto. Elena seguía en silencio. Sabía que algo iba a pasar. Podía sentirlo en mi cuerpo. En mi forma de respirar. En la tensión en mi mandíbula. —Vamos. —dije seco, y el motor rugió mientras nos poníamos en marcha. La ciudad se abría frente a nosotros como una bestia dormida. Pero yo sabía que aquí nadie duerme de verdad. Menos si sabe que Alessandro Vannicelli ha vuelto. El convoy se movía compacto. Un coche adelante, otro atrás. Adriano en el asiento del copiloto, ya con el auricular pegado a la oreja. —Todo listo —murmuró. —Samuel ya tiene ojos en la zona. Confirmó al objetivo. Está en el maldito local, como esperaba. —¿Armas? —Todas listas. El sótano tie

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