ALESSANDRO Despertar con su cuerpo sobre el mío fue como volver a respirar después de haber estado ahogándome durante semanas. Dormía, tranquila, su rostro apenas tocando mi pecho, su respiración pausada… Por primera vez desde el ataque, logré dormir realmente. Profundo. Sin pesadillas. Sin sobresaltos. Y entonces, como una pequeña ráfaga de energía con pies descalzos, Faby saltó sobre mí con una risita ahogada. —¡Papá! —susurró, mientras intentaba no hacer mucho ruido—. ¿Elena está dormida? Asentí, haciendo un gesto con el dedo sobre mis labios. Faby se acomodó sobre mí, en medio de los dos, observando a Elena con sus grandes ojos curiosos y tiernos. —Quiero quedarme con ustedes hoy —murmuró—. Solo quiero estar con mi familia. Esa palabra… "familia"… Me rompió. Me reconstruyó. Me a

