Arrastrando sus pies mientras bostezaba perezosamente, Troy entró a su cocina y dejó su cuaderno, en el cual estaban los bosquejos de todos los rostros que había logrado recordar, sobre el mesón de la isla. —Café... Necesito café con mucha azúcar... —murmuró con tono somnoliento. Dirigiéndose hacia su cafetera, Troy la colocó antes de disponerse a trabajar en su desayuno. Con su lobo alzando sus orejas y animándose repentinamente, el omega soltó un pequeño ruidito cuando unos brazos le rodearon sorpresivamente desde atrás. —j***r, ¿en qué momento entraste? —exclamó, observando sobre su hombro a Rayan. —Recién, ni siquiera me miraste cuando abrí la puerta —indicó, presionando sus labios largamente sobre su mejilla. —Uhg, dormí poco —se excusó, soltando otro pequeño bostezo mientras se

