Giancarlo. Desperté de la mejor manera que pueda haber, con mi bella esposa entre mis brazos. Ella sigue con los ojos cerrados, se ve tan tranquila. Deposito un sueve beso en sus labios, y muy a mi pesar me levanto. Trato de no hacer ruido y me voy a la ducha, varios minutos después, salgo ya cambiado y me doy cuenta de que sigue dormida. Dejo otro beso, ahora en su frente, y una nota en su mesa de noche. Más tarde pediré le envíen sus flores favoritas. Bajo con ganas de no hacerlo, como me encantaría quedarme toda la semana encerrado con Melly. Llego a la cocina y me siento en la barra, mientras mando un mensaje a mi secretaria, necesito una cita con la ginecóloga. — Buenos días, señor. — Me saluda muy alegre Raquel. — Buen día, Raquel. ¿Cómo amaneció? — Bastante bien, desde ayer

