Mellisa. Después de que la doctora terminará el examen, decidí que no pensaría más en Joana y su veneno. Pero tenía que avisarles a mis padres, cuando llegó la enfermera, le pedí que me dejara ver a Pietro. Después de una media hora aproximadamente, lo vi ingresar al área donde me encontraba. — Hola ¿Cómo te sientes? — Se le ve triste y preocupado. — Mejor. — Le contesto tomando su mano con firmeza. — Sabes que lo que dijo esa mujer, no es cierto ¿Verdad? — Lo que sea, por ahora no me interesa, pero necesito un favor. — Lo que necesites. — Habla a mi casa y dile a mis padres que vengan. — Se van a preocupar. — Lo sé, pero los necesito por unos unos días conmigo, obvio Gian, no puede saber donde estamos. — Necesitas hablar con él. — Ahora no, sería poner sobre aviso a Joana, po

