Mellisa. No se cuanto tiempo me quedé dormida, pero al despertar ya estaban mis papás y mi hermano en la habitación. Sonrió al verlos, ellos son lo que me hacía falta para sentirme protegida, mamá se acerca y toma mis manos entre las suyas. Acaricia mi vientre aun plano, y se inclina a depositar un beso en el, se levanta y acaricia mi rostro, me sonríe llena de ternura. — ¡Oh mi amor! Tan joven me harás abuela. Todos los presentes reímos, mamá siempre es muy ocurrente, y esta no fue la excepción. — Amor. ¿Cómo se siente la princesa de papá? — Don celoso hace acto de presencia. — Ahora que llegaron, genial. Aunque ya no soporto estar acostada. — En cuanto vengan a revisarte, preguntamos si puedes caminar un poco. Mamá siempre pensando en todo, me alegra que estén conmigo, aun

