LO SIENTO.

2143 Words
—¿Te duele? —Massimo, se acercó a ella con una compresa fría entre las manos, había despedido a Carina con promesas que pensaba cumplir; no sin antes conocer un poco más de Gianna Romano.   —Te importa, ¿o solo preguntas, porque también te pagan por hacerlo? —preguntó con los dientes apretados, su mejilla dolía, su ingle estaba resentida por las actividades del día anterior, todo podía soportarlo; más no que el hombre frente a ella, la viera de la manera en la que lo hacía en ese preciso momento.   —Lo siento —Massimo se disculpó, mientras colocaba la compresa fría en la mejilla de Gianna. Ella se sobresaltó ante el repentino acto del doctor, pues no se esperaba que fuera él, precisamente quien tratara de cuidarla.   —¿Qué haces? —dijo a la defensiva, cuando sintió su corazón aguadarse.   —Tienes un golpe en la mejilla Gianna —dijo con seriedad, podía ver los muros de la chica erguirse rápidamente, ahora comprendía que todo era una farsa, ella era grosera debido a la situación que vivía con su madre. Nunca lo hubiera creído de no haber escuchado la discusión esa mañana.   —No tiene importancia, me he golpeado accidentalmente —mintió, quería que él, la sacará de su error, que le dijera que era mentira. Sin embargo, lo aceptó sin más.   —Debes tener cuidado, no puedes tener más lesiones Gianna, ven siéntate, quiero revisar si la inflamación ha cedido —pidió, mientras le entregó la compresa. Estaba tentado en acariciar la piel roja de la joven, pero se abstuvo, el día anterior había cometido un error, había sobrepasado su condición de profesional, sin razón alguna.   —No he tenido reposo —admitió, de todas maneras, sabía que él se daría cuenta. El dolor era muy parecido a cuanto se lesionó la primera vez.   —Debes tener cuidado Gianna, es posible que no pueda volver a bailar ¿No te importa? —el tono de voz empleado por Massimo, hizo sospechar a Gianna ¿Por qué razón estaba siendo amable? Se preguntó, mientras lo observaba. Apretó los dientes cuando tocó la parte afectada.   —Volveré enseguida —se puso de pie y camino con prisa, fuera del gimnasio había sido un tonto, creer que tocarla como profesional no iba despertar el recuerdo del beso robado.   **** Gianna esperó un largo momento, Massimo parecía haber ido a la farmacia en vez de a la cocina, se puso de pie con dificultad. Había tomado una decisión, volvería a los escenarios y lo haría por Nicoletta, la operación de la niña, valía todo su esfuerzo, debía encontrar una manera de quitarle a Carina el poder que tenía sobre el dinero que por derecho le pertenecía.   Gianna gruño al ver en el espejo, el moretón que se le había formado en la mejilla, justo a un lado de sus labios. Sin querer llevó los dedos a sus labios, sus recuerdos la traicionaron, haciendo que recordara el beso de Massimo. Se mordió el labio, nunca antes había sentido los labios de otra persona sobre los suyos, ni siquiera hubiese podido imaginar lo que podía sentir. Con Massimo fue rabia, enojo, porque sabía no era un beso de amor, sino fue un beso destinado a hacerle callar.   —Lo siento, lo lamento tanto —Gianna apartó los dedos de sus labios, tan pronto escuchó a Massimo disculparse, ¡la había sorprendido con la guardia baja de nuevo!   —No te disculpes más, lo hecho, hecho está ¿Por qué has venido? —preguntó. Se apartó del espejo para no ver el reflejo de Massimo en él. ¿Por qué se sentía diferente? ¡Era un simple beso! Gritó internamente. “Tu primer beso” le recordó su conciencia.   —Tenía la intención de renunciar a ser tu fisioterapeuta. Sin embargo, he cambiado de parecer —la declaración hizo que Gianna se girara para ver a Massimo, sin poder creer lo que estaba escuchando.   —¿Qué ha cambiado? ¿Sabes que puedo presentar una queja a la compañía y denunciar tu atrevimiento del día de ayer? —Massimo, no pareció alterado. Sabía perfectamente que Gianna estaba en su pleno derecho de denunciarlo, había sido un acto poco profesional.   —¿Lo harás?   —Es fácil destruir una carrera como la tuya, las palabras precisas a la gente correcta, sin embargo, no soy ese tipo de persona. Aunque tu opines lo contrario Massimo, no se lo que te impulsó el día de ayer; pero tengo claro una sola cosa —sus miradas se trabaron de nuevo, había tantas emociones en los ojos verdes de Gianna, que Massimo sintió perdido, había dolor, tristeza, firmeza, decisión. Dándose cuenta que la joven parecía una caja de pandora   —¿Qué cosa? —preguntó ante el silencio que se instaló entre ellos.   —Quiero volver a bailar, cuanto antes sea será mejor —dijo con determinación, esta vez lo haría por Nicoletta y no por Carina. Había pagado con sangre la deuda que tenía con la mujer que la había adoptado, llevando su nombre a lo más alto. Ahora tenía una deuda con la pequeña.   —Eso me parece lo más sensato que he escuchado de ti. Trabajaremos juntos Gianna, si amas lo que haces, solo tienes que entregarte —la joven sonrió. Ella no amaba el ballet; pero eso ya no importaba a estas alturas de su vida, estaba tan acostumbrada que parecía natural.   —¿Cómo has entrado a mi casa? —el cambio brusco, sorprendió a Massimo.   —Lorenza me dio acceso, lo siento debí preguntar —ahí estaba otra vez pidiendo disculpas, lo que solo aumentaba la desconfianza de la joven.   —Tendré que despedirla, no se puede ser tan confiado a menos que no le tengas aprecio a la persona para la que trabajas. Ella es como tener al enemigo, bajo el mismo techo —fingió enojo. En realidad, apreciaba a la asistente; pero Lorenza, no hacía más que demostrar su desprecio desde que llegó, su madre se había encargado de envenenar a cada uno de sus empleados. Mientras ella se vendía como la mejor madre del siglo, le hacía ver ante los ojos de los demás, como la mala y desagradecida hija que tenía.   —Podrías darle una segunda oportunidad —dijo sin pensarlo.   —¿Por qué tendría que hacerlo? —preguntó. Se giró para no ver los ojos negros del hombre, parecía atravesar su alma cuando la miraba de manera fija e intensa.   —Se ha equivocado, todos lo hacemos en algún momento de la vida Gianna, yo mismo lo he hecho. Te he juzgado mal —acepto. Ella se negó a voltear.   —Me odias Massimo, tanto como te odio yo ¿Cuál es tu juego? —Massimo apretó las manos en un puño, la herida en su mano le dolió, pero no como dolía su corazón.   ¿Cuánto daño le había causado Carina Romano? Podía intuir por lo escuchado, que Gianna había tenido una mala vida a su lado. Le hizo recordar las palabras duras que él mismo había pronunciado, no quería pensar en el daño que sin querer le había ocasionado.   —No estoy jugando Gianna —se acercó a ella y con lentitud le hizo girar el rostro en su dirección. Las yemas de sus dedos acariciaron la mejilla magullada.   >>¿Por qué llegaste tarde ayer? —preguntó con suavidad, sus manos no se apartaron de la mejilla marcada.   —No puedo decírtelo —aceptó, tenía miedo de confiar en él y que fuera a contarle a su madre sobre el orfanato y apartarla de ellos, como lo hizo con todo lo que había querido en la vida.   —Querías hacerlo ayer ¿Qué ha cambiado? —Gianna cerró los ojos, sus lágrimas rodaron por sus mejillas, ante la suave caricia. Ella solo había tenido gritos y golpes en su vida. Esto era nuevo y le asustaba, no quería confiar en nadie, quería guardar su corazón destrozado en su niñez.   —¿Le dirás a mi madre? —preguntó en un hilo de voz casi inaudible   —Te prometo que no lo haré —Massimo intentó sonreír, quería infundir confianza; pero debía admitir, que no había hecho más que atacar sin piedad, juzgarla de manera incremente.   —Lo siento Massimo, no puedo decirte nada y prefiero que nuestro trato se mantenga en términos profesionales, como tu paciente prometo apegarme a tus reglas, y tu como médico, deberás mantener las narices lejos de mi vida privada. Te lo advierto —Gianna sentía el corazón latirle con prisa, había estado a punto de contarle, a punto de revelar su secreto afortunadamente había tenido un minuto de claridad, se alejó del toque, que parecía embrujarla.   —Tienes razón, no he hecho nada para que confíes en mí —acepto a raja dientes, se prometió estar más pendiente de ella y evitar dejarla a solas con Carina, podía empezar por ahí.   —Así es…   La tarde pasó entre compresas frías y calientes, Gianna no habló más y Massimo no insistió, consciente del mal causado.   —Nos veremos mañana, estaré llegando sobre las nueve, por favor Gianna, si necesitas ir a algún sitio llámame, no vayas sola, no hagas esfuerzo —ella asintió. Se sentía confundida ante la actitud del hombre ¿Su madre tendría que ver con ese cambio? Odiaba sentirse insegura, no poder confiar en nadie le consumía por dentro, necesitaba un amigo, alguien en quien confiar ¿Era Massimo esa persona?   —Tienes mi promesa Massimo, aunque valga muy poco para ti —el doctor, no fue capaz de decir una sola palabra. Dándose cuenta que las palabras dichas en un momento de furia se volteaban en su contra.   Gianna lo vio marcharse y sólo entonces pudo respirar tranquila. Desconocía las emociones sentidas en presencia del hombre ¿Qué había cambiado? Había sido besada, su mejilla acariciada con una ternura jamás sentida.   **** —Hazte cargo de Gianna, quiero saber lo que oculta de mí —Carina ordenó a la persona al otro lado de la línea, no espero respuesta de su interlocutor y colgó, estaba furiosa. Una suerte que Bianchi, no la descubriera, pero si continuaba de aquella manera corría muchos riesgos, debía encontrar una manera de someter a Gianna de nuevo a su voluntad.   >>Tu peor error ha sido desafiarme abiertamente Gianna, te di todo, te di un hogar, una madre, una profesión —gruño. Bebió el líquido ámbar de su copa con furia.   **** —¿Has trabajado hoy? —Carlo cerró el diario al ver entrar a su hermano mayor   —No, pero tenía cosas que hacer fuera ¿Adriano? —preguntó, mientras observaba a todos los sitios esperando ver a Romeo.   —No está, —dijo al adivinar a quien su hermano buscaba —Adriano mencionó, algo sobre una cena familiar y Romeo no es mi familia —dijo en tono molesto   —¿Qué ha pasado? —Massimo, observó el gesto de su hermano, no era ningún secreto la molestia que sentía al verlos juntos, la impresión que daban podía ser errónea, y posiblemente se estaba dejando llevar por las apariencias tal como lo hizo con Gianna. Quizás debía darle el beneficio de la duda a Carlo.   —¿Realmente quieres saber? —Carlo, no había deseado ser rudo; pero tras la discusión con Romeo su humor se había disparado, los tres hermanos no eran conocidos por su paciencia y tampoco por ser racionales en un momento de rabia. —Haz de cuenta que no he preguntado nada Carlo; pero déjame decirte que, si algo te molesta y puedo hacer algo por ti, por favor no dudes en venir a mí —el menor asintió; mas no se veía contándole a su hermano la naturaleza de su relación con Romeo, para ser honesto ni él mismo sabía lo que sucedía entre ellos.   —Lo tendré en cuenta —dijo en tono serio.   Adriano entró a la sala con una sonrisa en los labios, había preparado una cena familiar, como no la habían tenido en mucho tiempo.   —La cena está servida chicos —dijo tratando de alegrar a sus dos hermanos, quienes parecían estar enfrentando a sus propios demonios.   **** Gianna no había podido dormir. Sus sueños estuvieron plagados por un par de ojos negros de mirada profunda. Suspiro ¿Qué le pasaba? Había sido un simple beso y poco menos que eso ¿Por qué no podía olvidar y continuar con su vida? ¿Por qué sentía el roce de sus dedos sobre su mejilla? Negó, no podía ponerle nombre a lo que sentía y tampoco deseaba saber.   —¡Gianna, el doctor Bianchi ha llegado! —Lorenza gritó al otro lado de la puerta. La joven rubia deseaba que la tierra la tragara y la escupiera en Marte.
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