—¡Gianna! —Lorenza corrió hacia la puerta al ver llegar a la joven rubia en compañía de Massimo y una pequeña en los brazos. —Lorenza —Gianna dijo con cierto temor. Esperaba que Massimo pudiera convencerla para que no dijera una sola palabra a su madre sobre la niña. —¿Quién es la pequeña? —preguntó sin poder evitarlo. —Te lo diré Lorenza, confiare en ti; pero no ahora, necesito asistir a la reunión con Giuseppe, por favor te pido, te suplico, no le llamas a mi madre, no le digas sobre la niña —pidió la joven con aprehensión. —No te preocupes, esperare a que vengas y me digas lo que está pasando —la pequeña niña le sonrió y Lorenza no pudo hacer nada más que corresponder. Massimo acomodó a la pequeña en el sillón de la sala, mientras Gianna subió a la habitación para vestir

