-Que estupidez- exclamó Nivian dando un portazo, su rostro parecía muy molesto.
-Señorita, por favor no haga coraje- sugirió una señora mientras le ayudaba a quitarse la capa, su aspecto era sencillo, portaba un vestido café, en su piel se comenzaban a asomar las arrugas y su rostro siempre parecía lucir cansado.
-lo hubieras visto Melisa, sus ojos me desafiaban a pesar de estar tirado y casi inconsciente, ningún esclavo, ni siquiera un noble se ha atrevido a tanto.
-Señorita, si me permite, le sugiero que deje de visitar a los esclavos, ya no es nece…cof cof- comenzó a toser la señora quien se cubrió la boca inmediatamente.
-Oh por Dios Melisa, eh notado que llevas días así ¿has ido al médico? No me gusta verte así- respondió Nivian quien cambiaba su semblante molesto a uno preocupado.
-No se preocupe por mi señorita, iré a verlo enseguida.
-Nada de eso, pediré al médico imperial que te revise.
-No es necesario- dijo enseguida mientras agitaba ambas manos.
-Melisa, no seas tan modesta, has cuidado bien de mí, me gustaría al menos por una vez hacer algo por ti, así que acepta mi ayuda, de lo contrario me enojaré mucho.
-Lo que usted diga, majestad, agradezco su preocupación por mi- dijo mientras le besaba le dorso de su mano.
-Soy yo la que tiene que agradecerte mucho, no se me olvida que fuiste la única persona que decidió servirme aun cuando no había nacido bajo el título de la princesa imperial, aun cuando te quisieron cambiar para servirle a Emily, te quedaste a mi lado- comentó Emily mientras lagrimeaba.
-Oh señorita, no se sienta en deuda por favor, lo hice porque se me hacía injusto que una princesa tan amable y dulce fuera tratada injustamente, me rompía el alma verla llorar sola en la esquina de su habitación, cuando vi sus hermosos ojos azulados me decidí a que esos ojos siempre brillarían de felicidad.
- Y hasta ahora sigues siendo las personas que más estimo- dijo Nivian pintando una ligera sonrisa.
-Princesa, pero ahora no esta sola, tiene ahora todo a sus pies, todo lo que siempre deseó, por ello sugiero que eso de visitar a esos sucios esclavos para que le muestren respeto, eso era antes. Debe de intentar ese pasatiempo, solo arruinará su reputación.
-Tienes razón, no tengo porque seguir haciéndolo, antes lo hacia porque eran los únicos en tenerme miedo y mostrarme respeto, besaban mis pies si se los pedía, pero la única razón del porque lo hacía era porque no tenía autoridad, solo por el hecho de crecer fuera del matrimonio dentro del vientre de una concubina, es absurdo, tengo tanta sangre real como cualquier otro príncipe legítimo- agregó indignada.
-Lamentablemente esas son las reglas de este imperio, solo los hijos de la emperatriz nacen como princesas o príncipes, con un gran poder y autoridad pero lo más importante es que, solo son los únicos de aspirar al trono de emperador, mientras que las hijas e hijos de las concubinas solo alcanzan ser un noble de alto rango sin ningún título, lo bueno es que su madre, al convertirse en la segunda esposa del emperador y ascender al puesto de emperatriz, usted se convirtió automáticamente en la primera princesa junto a la princesa Nevil.
-Dime, Melisa, ¿Mi padre puede tomar varias esposas y convertir a sus otras hijas e hijos en príncipes?
-No, solo puede tener una esposa e innumerables mujeres en su harem, pero hay otra forma de ser una princesa sin ser hija o hijo legítimo.
- ¿Cuál es?
-Solo si la concubina con la que concibe un hijo es la hija de un noble.
-Que injusto- Protestó Nivian aún más molesta, ahora entiendo por los hijos de la hija del marqués son considerados príncipes.
-Aun así, usted esta a un rango mas alto, llevando el titulo de princesa imperial junto a sus dos hermanas.
-No me gusta eso, ese titulo debe ser solo mío, Nevil no se considera una princesa como tal, solo juega hacerle de caballero, pobres de los hombres que la siguen al campo de batalla, tienen la muerte asegurada, y ni hablar de Emily, solo es una niña mimada que no ah tenido que mover un dedo desde que nació, es tonta y consentida por el fracasado de Allen.
-Usted siempre será la mejor princesa Nevil- contestó su dama de honor amablemente- ninguna de ellas se podría comparar con usted, lo digo porque la conozco mejor que nadie, se lo que ha sufrido, tenga por seguro que mi lealtad siempre estará de su lado.
-Se que cuento contigo Melisa, mi dama de honor más fiel, confió en ti, no se te ocurra traicionarme- dijo colocando una de sus manos en el hombro de su dama de honor- eres todo lo que tengo- añadió con los ojos brillosos, dejando caer así una lagrima.
Esto conmovió a la amable anciana quien la abrazo fuertemente.
-Señorita, no llore, que aquí tiene a alguien dispuesta a dar la vida por usted.
-No lo haré- ambas sonrieron y guardaron unos minutos de silencio hasta que por fin la princesa Nivian dijo:
-Estoy cansada melisa, manda a una de las sirvientas a mis aposentos rápidamente para que me preparen un baño de rosa.
-Como ordene princesa- contestó Melisa mostrando una reverencia antes de marcharse.
Al salir de la habitación Melisa llamó rápidamente a una de las muchachas
-Prepárale un baño de rosas a la princesa Nivian, rápido.
-Enseguida le prepararé un baño- contesto la joven dama dirigiéndose rápidamente a los aposentos de la princesa Nivian.
-Toc, toc- llamo a la puerta
-Adelante- contestó Nivian quien limpiaba el dorso de su mano donde había besado su dama de honor, con un pañuelo.
“Ridícula” murmuró
- ¿Dijo algo princesa? Pregunto la chica quien se dirigía a preparar el baño.
-No es nada, ¿Por qué solo entras tú? Y las demás sirvientas ¿Dónde están? Necesito que alguien me ayude a desvestirme.
-La Señora Melisa solo me pidió venir a mí.
-Esa tonta, ven tú y ayúdame a desvestirme
-Enseguida- contestó la chica quien se apresuró ayudarla, desbrochando su lujoso y esponjoso vestido.
-Ah, y tira ese vestido, esta sucio, no lo necesito.
-Princesa ¿Acaso ese no es el vestido que le regalo su majestad hace unos días?
-Ese vestido no tiene ningún valor si una simple criada se ah colgado de el, de seguro al momento de abrazarme me pego su suciedad, que horror- dijo mientras ponía una cara de desagrado.
La chica quien la ayudaba a desvestirse sabía que se refreía a la señora Melisa y no evito sentir pena por aquella fiel sirviente que había dedicado toda su vida a la princesa incluso cuando aún no poseía un título.
Al terminar de prepara el baño, Nivian se dirigió a la bañera, al dejar caer la bata que cubría su cuerpo se dejo ver un lunar en medio su suave y firme espalda que pronto cubrió su largo y ondulado cabello rubio no era raro que un hombre deseara tener tan belleza, que por una morirían por una mirada de ella, la princesa Nivian era de las personas que eran hermosas por fuera, pero con una gran oscuridad en su corazón.
- ¡Qué maravilla! - suspiró- déjame sola, te llamaré si llego a necesitar algo- dio ordenes a la chica que un se encontraba en la bañera que rápidamente se retiró
(Melisa tiene razón) pensó (no debería ir mas a jugar con esos mendigos esclavos, ahora tengo la autoridad para hacer que hasta los nobles se arrodillen ante mí, y porque no hasta Allen y Emily lo harán algún día cuando Josef sea emperador. Aunque, como se atreve Melisa a tener demasiada confianza conmigo, solo yo ascendí, ella sigue siendo una criada más del palacio, antes cualquier persona era de gran ayuda para mí, pero ahora es inservible, como sea, esta vida es un juego de ajedrez, puedo utilizar a cualquiera a mi conveniencia, ella solo es un simple peón en mi tabla de juego, no es de grana ayuda claro, así que no me importaría que se muriera y si no lo hace, sería solo un sacrificio, ah, todo me está saliendo bien)
******************
-princesa Emily, el príncipe ah venido a verla- dijo una de las chicas que servían a la princesa Emily
- ¿Qué? Contestó la princesa Emily quien apartaba la vista de la ventana con una cara de felicidad
- ¿Allen por fin ha vuelto? Veo que no demoró mucho esta vez. Dijo mientras daba grandes pasos mientras sonreía
-Oh, mi amada princesa- dijo la sirvienta poniendo una cara de tristeza- no es el príncipe Allen quien ah venido, sino el príncipe Josef
-ah, ya veo- contestó Emily poniendo una cara de decepción.
-Querida hermanita, al ver ese rostro de decepción hace que mi pobre corazón se rompa en pedazos- dijo el príncipe Josef quien hacia su entrada
-Bueno, es normal, después de todo yo no te considero ni te consideraré jamás mi hermano, eres malo- argumento la princesa mientras le daba la espalda al príncipe Josef
-Jajaja- Josef soltó una risa burlona como de costumbre- escuche que mi hermana se sentía sola, por eso eh venido hacerte compañía, ya que Allen nunca pasa tiempo con su pequeña e indefensa hermana menor y se va no sé por dónde por varios días.
-Mira quien habla, tú también desapareces seguido, se dice por ahí que eres un irresponsable
-Es diferente, Allen se va por sus propios intereses, solo por su ambición al poder abandona a su hermana en este palacio en el que todos parecen enemigos, yo me marchaba para evitar todo eso.
-Josef, dime, me consideras tu enemiga también- pregunto la princesa Emily con una dulce y cálida voz
-Oh por Dios, claro que no, eres tan pequeña y bondadosa, ¿Cómo podría considerarte mi enemiga?
-Entonces ¿Por qué me molestas?
-Porque me aburro en este palacio y no haya nada más divertido que hacerte enojar y también es divertido ver a Allen molesto por hacerte enojar, sin duda alguna ustedes se cuidan entre ambos, siento algo de envidia por Allen.
-bien, solo porque siento pena por ti, quédate a tomar el té conmigo y con mis muñecas ¿te parece?
-Está bien, no puedo negarme, después de todo soy el culpable por venir hasta aquí, pero me sorprende que a tu edad aun juegues con muñecas, las chicas a tu edad ya empiezan asistir a banquetes para socializar y buscar un gran partido para después casarse.
-Dime, que de divertido tiene de ir a un banquete donde las personas solo presumen lo maravillosas que son.
-Tienes razón Emily, aunque puedo decirte que no todas las personas siempre son así, un día conocí a una persona que sin duda alguna se merecía el mundo entero, o quizá debo decir que el mundo era poco para esa persona- la mirada de Josef se nublo por un momento.
La princesa Alice que siempre era atenta lo miro fijamente como si le estuviera preguntando con la mirada.
-No me veas así, me siento apenado. Exclamo Josef mientras reía y se rascaba la cabeza de vergüenza
-Genial, me gustaría algún día conocer a esa persona de la que me hablas, me da curiosidad, es raro verte hablar de alguien.
-No se podrá.
- ¿Por qué?
-Esa persona ya no está.
- ¿Qué quieres decir?
-Bueno, pues digamos que se fue a un lugar lejos de aquí, es por eso que ya no eh visto a esa persona.