Tras pasar por la tienda, nos apresuramos a volver a casa y nos duchamos juntos. Resistí el poderoso impulso de hacerle otra mamada como aquella mañana, pero no pude evitar darle unas cuantas caricias mientras le lavaba el cuerpo. Estuvo empalmado todo el tiempo que estuvimos en la ducha. —¿Eso es por mí o por Luciana?—. Me reí, tirando de su pene. —Es tuyo cuando quieras—, sonrió. —Pero si no te importa compartir... Ambos nos reímos y nos besamos, sintiendo cómo el agua caía en cascada sobre nuestros rostros. Dios, quería follármelo, pensé. Pero pensé que sería mejor provocarle un poco más y resistí el impulso. Para cuando salimos y nos vestimos ya era casi la hora de que llegara Luciana. Le había explicado a Arturo que mi motivo para pedirle a Luciana que nos acompañara era que nos v

