Kayline no podía creer lo que veía. John, el chico que había conocido ese mismo día, era el lobo que había visto la noche anterior.
—¡Cubre eso! —exclamó, señalando su cuerpo.
Apartó la vista, que había permanecido demasiado tiempo fija en el físico del apuesto rubio. Escuchó una risa grave.
—No puedo. Verás, no uso ropa cuando soy un lobo.
Kayline suspiró y lo miró nuevamente. Él se había sentado de manera que sus piernas ocultaban sus partes íntimas.
—Así que... eres un hombre lobo.
John arqueó una ceja, como si estuviera conteniéndose de hacer algún comentario sarcástico. Kayline trataba de organizar sus ideas, sin saber cómo reaccionar. ¿Qué iba a suceder ahora? Su familia no cazaba hombres lobo, pero la situación la ponía incómoda.
—No debería haberme transformado —admitió John—. Esto complica las cosas.
Kayline asintió, sin saber qué decir o pensar.
—¿Estás... estás solo? —preguntó.
John miró a su alrededor y luego asintió.
—No. Quiero decir... ¿eres un lobo solitario?
—Parece que has investigado.
Kayline se sonrojó y le dedicó una sonrisa tímida. John la miró con curiosidad.
—No sé casi nada sobre hombres lobo —admitió ella—. De hecho, eres el primero que conozco.
Hizo un gesto exagerado como si estuviera haciendo una reverencia.
—Me alegra ser el primero —dijo él con una sonrisa burlona.
Kayline volvió a sonrojarse. El tono de John era algo sarcástico, lo que la hizo sentir incómoda.
—Para responder a tu pregunta, soy un Beta.
Kayline asintió, aunque no sabía muy bien qué significaba eso. No era el líder de la manada, lo que significaba que no sería útil para sus padres, ya que los Alfas solían tener más información.
—¿Dónde está tu Alfa? —preguntó.
—Está fuera de la ciudad.
—¿Era tu amigo, el que tenía que irse, pero volvió por ti? —confirmó Kayline, suspirando. Le habría gustado conocerlo, deseaba aprender más sobre los lobos.
—No, él no estaba conmigo cuando nos conocimos. Estaba con otro Beta.
Kayline sintió un nudo en la garganta. El hecho de que estuviera con otra persona le provocó una tristeza inexplicable. Sacudió la cabeza y se reprendió a sí misma por ser tan tonta.
—¿Por qué te interesa tanto mi Alfa? ¿Te gusta? Me dijiste que era el más guapo —dijo John, ofendido.
—¡Yo nunca dije eso!
Se levantó, indignada. John hizo lo mismo, sin molestarse en cubrir su desnudez. Sus músculos se tensaban bajo la piel de una manera provocadora. Kayline se sonrojó y trató de no apartar la mirada. El Beta avanzó hasta quedar a unos centímetros de sus labios.
Kayline entreabrió la boca, buscando qué decir, pero no encontró palabras. John, por su parte, no perdió la compostura. Le dedicó una sonrisa encantadora que hizo que el corazón de Kayline diera un vuelco. Él lo notó, porque su sonrisa se amplió aún más. Luego acercó su boca a la oreja de ella.
—Dilo —susurró.
La respiración de Kayline se detuvo. Ya no podía ordenar sus pensamientos. El hombre lobo la estaba volviendo loca y él lo sabía. Estaba jugando con eso.
—Dilo, que soy el más guapo —sonrió.
Kayline recuperó la compostura y lo empujó. Él ni siquiera se inmutó, así que ella dio un paso atrás. John la observaba con sus ojos azules llenos de picardía. Era guapo, no se podía negar, pero de ninguna manera iba a ganarle.
Un aullido de lobo se escuchó a lo lejos. John se congeló y sus músculos se tensaron. La luz de la luna iluminó su cuerpo, haciendo que sus ojos se tornaran de un amarillo brillante. Sus huesos crujieron de manera siniestra, un sonido del que Kayline bien podría haber prescindido. Unos segundos después, el lobo marrón que había visto antes estaba frente a ella.
El lobo la miró una última vez antes de desaparecer en la oscuridad. Kayline se mordió el labio inferior. No entendía qué había pasado. Había sido completamente hechizada por el hombre lobo, incapaz de controlar sus pensamientos o acciones. John la inquietaba. ¿Serían todos los hombres lobo así?
*
Al día siguiente, cuando Kayline entró al salón de clases, se sentó nuevamente en la parte trasera. A los pocos segundos, John ocupó la mesa a su izquierda. Le dedicó una sonrisa amplia y la saludó con la mano.
Ella le devolvió la sonrisa. El profesor de inglés llegó y comenzó la lección. Kayline estaba concentrada en la clase cuando un papel llegó a su mesa. Sorprendida, miró a su alrededor y se encontró con los ojos azules de John, que la animaban a leer la nota.
Desdobló el papel y negó con la cabeza. John era adorable, pero demasiado coqueto para su gusto, lo cual era un tanto molesto, aunque seguía comportándose como un niño.
"Di que soy el más guapo. Sigo esperando."
Kayline cerró el papel, sonrojada. Recordó lo cerca que habían estado la noche anterior, lo incómoda que se había sentido, pero extrañamente atraída por él. Afortunadamente, no se había cruzado con sus padres al llegar a casa, porque sus mejillas habrían competido con el rojo de los tomates.
Miró a John, quien se encogió de hombros tímidamente. La clase se le hizo eterna mientras las miradas y las encantadoras sonrisas de John hacían latir su corazón con más fuerza. Cuando por fin sonó el timbre, recogió sus cosas y salió del aula apresuradamente. Al cerrar su casillero, se sobresaltó al ver a John a su lado.
—¡Dios, John! Me asustaste.
—Lo siento, no era mi intención —dijo, claramente sincero.
Kayline notó que él parecía algo alterado.
—¿Te pasa algo? —le preguntó.
—No me gusta cuando el Alfa está lejos —admitió—. Me siento algo perdido.
—Debe ser raro depender tanto de alguien más.
—¿Qué quieres decir?
—Necesitar que alguien más dirija tu vida.
Él frunció el ceño, reflexionó un momento y luego negó con la cabeza.
—Nunca lo había pensado así. No me siento prisionero de mi Alfa, al contrario.
—No lo decía como una crítica —aclaró ella.
—Lo sé. Eres humana, es normal que no lo entiendas. Yo nací así; la manada y el liderazgo de un Alfa es todo lo que siempre he conocido. Dylan es un buen Alfa. Tengo mucha suerte de tenerlo. Lo respeto mucho.
—Eso se nota —dijo Kayline, apoyándose en su casillero con los libros apretados contra su pecho.
—¿En qué se nota?
—Se nota en la forma en que hablas de él. Lo aprecias mucho.
—Dylan estuvo a mi lado cuando lo necesitaba. Daría mi vida por él.
—Esperemos que nunca tengas que hacerlo.
El timbre interrumpió su conversación. Caminaron juntos hacia su próxima clase. Varias chicas se dieron la vuelta para mirar descaradamente a John, lo que enfureció a Kayline.
—Aún no me has dicho que soy el más guapo.
—¡Ay, John, por favor!
El Beta soltó una carcajada y siguieron caminando hasta llegar al aula.