Capítulo XXXVI Donde se cuenta la estraña y jamás imaginada aventura de la Dueña Dolorida, alias1 de la condesa Trifaldi, con una carta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa PanzaTENÍA un mayordomo el Duque de muy burlesco y desenfadado ingenio, el cual hizo la [f]igura2 de Merlín y acomodó todo el aparato de la aventura pasada, compuso los versos y hizo que un paje hiciese a Dulcinea. Finalmente, con intervención de sus señores ordenó otra, del más gracioso y estraño artificio que puede imaginarse. Preguntó la Duquesa a Sancho otro día si había comenzado la tarea de la penitencia que había de hacer por el desencanto de Dulcinea; dijo que sí, y que aquella noche se había dado cinco azotes. Preguntole la Duquesa que con qué se los había dado; respondió que con la mano. —Eso —replic

