Capítulo 4
Mientras me subía al avión sabía que tendría muchos problemas al regresar a casa, mi mamá sería la primera enemiga que me lastimaria sonaba estúpido pero era así, ella siempre había sido una mujer llena de rencor hacia mi, pensaba que quizás mi padre la había hecho sufrir pero nunca me hablaba de el, era como un tema tabú para las dos nunca lo tocaba pero quizás era momento de aprovechar el dinero y saber un poco más de mi origen.
Decidí llegar a un hotel, muy temprano llame al abogado dejando mis maletas en la cama, estaba desesperada por solucionar esta situación, me dijo que me buscaría para firmar los documentos y hacerme entrega oficial de los inmuebles, es decir la mansión de la familia.
No sabia porque Hank me había hecho heredera de su fortuna, pero queria cumplir su voluntad, sabía que él era un hombre bueno y si había decidido esto tenía un motivo para hacerlo, Connor era su único hijo de sangre, era un hombre lleno de pasión y sobretodo tenía la fuerza que había caracterizado a Hank, pero todos eramos concientes que su relación no era nada buena, Connor era un rebelde sin causa que no tenía definido su rumbo.
Muy temprano el abogado y yo hicimos todo lo necesario para que la herencia fuera mía, tenía que ir a casa a hacer posesión de la mansión y quedarme un año allí para que todo fuera como lo habia querido Hank pero honestamente estaba lejos de estar en mis planes, Josh me había dejado con una enorme incertidumbre, el era mi futuro había planeado una vida a su lado y me sentía bien con el pensaba que por fin tendría esa vida rosa que mi madre me negó pero me di cuenta que sería muy complejo, que las ilusiones de mi cabeza estaban lejos de ser lo que yo soñaba.
Pasaron unos dos días antes que todo lo de ley se llevará a cabo, así que era momento de ver a mi madre y la conocía tanto que imaginaba en mi cabeza sus reclamos y la manera de gritarme por todo lo que estaba pasando, yo era una mujer tranquila pero con la tensión del momento era capaz de perder la cabeza.
—¿Que hace ella aquí?— dijo de inmediato mi madre al vernos llegar con algunos policías, agache la mirada años de maltrato me enseñaron a ser la que bajara la mirada pqda no recibir un golpe de quién tuvo que enseñarme a enfrentar la vida.
— No queremos discusiones Joanne, como te dije Amelia ahora es la dueña de la casa y vino a hacer posesión de su inmueble, no interrumpas el proceso que debemos adelantar — el abogado estaba de mi lado, trabajaba desde hace años con mi padrastro y quedia cumplir a cabalidad su última voluntad.
Abrió los ojos, la rabia se apoderó de ella :
— Amelia fue muy clara cuando dijo que rechazaba la herencia, por ende debes hacerte cargo de mantener todo listo para el primer hijo de Connor — sus cosas nasales crecían.
— Decidí aceptar, Hank tuvo esa última voluntad y creo que le debo eso después que se hizo cargo de mi cuando nadie más lo hizo — alce mis ojos, si ya me había metido en esta situación tenía que ser muy coherente y defender lo que ahora era mío
— No podías desaprovechar está oportunidad, una mujer como tú que solo quiere marido rico tenías que aceptar ¿Acaso fueron amantes?— mamá me jalo del brazo y me entero sus largas uñas acrílicas en la piel dejando un rasguño en mi brazo que sangro.
— Nunca vuelvas a decir eso, si quieres vivir en esta casa tienes que darte cuenta que ahora yo soy la máxima autoridad y no me puedes tratar como lo hacías cuando era una niña, me debes respeto — me solté y la mire a los ojos, era momento de demostrar mi feracidad la misma que había hecho de mi una mujer fuerte en el mundo empresarial.
Me soltó de inmediato, me señaló con su larga uña en medio de los ojos : — No voy a dejar que te salgas con la tuya, no se porque Hank tomo esa estúpida decisión pero el cuento de hadas me voy a encargar de destruirlo yo —.
— Desde que era una niña eres la bruja de mi cuento de hadas, así que lo que dices no es nuevo para mi — Quería odiarla pero en el fondo aún esperaba su aprobación quizás al ver mi firmeza un día por lo menos me respetaría.
Connor llegó para que la situación se volviera más intensa, estaba desaliñado y parecía algo ebrio, mi mamá lo tomo del brazo pidiendo su auxilio y le contó lo que hacíamos allí.
— Hablemos los dos en el estudio "pulga"— odiaba ese sobrenombre, según el yo lo fastidiaba más que una pulga en una cama de cobijas de lana, siempre me decía eso para hacerme sentir mal.
Accedi, el acuerdo sería sencillo no me molestaría y yo no lo haría con ellos, solo sería un año y después me iría, además quería aclararle que tomaría la dirección de las empresas, era mi gran oportunidad de ser CEO y no la iba a desaprovechar.
— No quiero guerras, ni sermones, solo quiero cumplir con la voluntad de tu papá, nadie sabe porque me eligió, ni siquiera yo lo puedo entender pero hay algo que está claro el era un hombre inteligente y si lo hizo fue con algún motivo — cruce los brazos mientras lo miraba, esperaba encontrar un poco de racionalidad en el.
— Tu puedes decir todo lo que quieras, pero tu madre siempre tuvo razón, solo querías el dinero de Papá y yo no voy a dejar que una carita buena me engañe — Connor tenía un aliento espantoso de vodka o whisky así que corrí mi cara cuando se acercó.
— No me importa lo que piensen, si deseas creer que soy una vividora perfecto solo quiero que te quede muy claro que quiero el bien de todos — Intenté salir pero me dio un leve empujón contra la puerta y se acercó dejando poco espacio entre los dos, mandé saliva nunca lo había tenido tan cerca y me sentí intimidada, mi corazón latía a gran velocidad y mi garganta se ponía seca, tenía los ojos azules más hermosos que había visto y odiaba admitir que su look desaliñado me gustaba más de lo que quería aceptar.
— Yo soy experto en equitación y se cómo domar bestias salvajes — me besó, de la nada me besó quise luchar pero debo aceptar que me gustó y cedí unos segundos.
Le di una patada en los bajos y una cachetada tan fuerte que hasta la mano me lastime, mis uñas quedaron en su mejilla marcada como una señal de mi fuerza:
— La única bestia aquí eres tú, y ten por seguro que te voy a domésticar ¡Idiota!— salí de allí con la piernas de gelatina, este sería el primer de muchos encuentros.