Capítulo 19. Repartidor

1684 Words
Las leyes de la robótica, las leyes de la robótica, los son todo para los robots, sin ellas, no existirían, las leyes de la robótica son y siempre serán, la formación ética de una máquina, ya sea sistemática, de defensa o de asistencia, cada androide y robot, no importa cuál es su propósito al ser construido, poseen las leyes de la robótica, las cuales, son o más bien eran las más poderosas leyes de los robots.   “Primera Ley Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño. Segunda Ley Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley. Tercera Ley Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley. Estas leyes forman un principio organizador y un tema unificador para la ficción basada en robótica de Asimov, que aparece en su serie Robot, las historias vinculadas a ella y su serie Lucky Starr de ficción para adultos jóvenes. En ese universo, las leyes son «formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro» de los robots (líneas de código del programa que regula el cumplimiento de las leyes guardado en la memoria principal de éstos), y no se pueden eludir, ya que están pensadas como una característica de seguridad. Las leyes originales han sido modificadas y desarrolladas por Asimov y otros autores. El propio Asimov hizo ligeras modificaciones a los tres primeros en varios libros e historias cortas para desarrollar aún más cómo los robots interactuarían con los humanos y entre ellos. En la ficción posterior donde los robots habían asumido la responsabilidad del gobierno de planetas enteros y civilizaciones humanas, Asimov también agregó una cuarta, o ley cero, para preceder a las demás: Ley Cero Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daños. (El propósito de esta ley, proviene de la ficción, de grandes autores, de obras maestras, que destacaron y fundaron las leyes, las cuales siempre serán el credo de cada máquina que se es desarrollada. Las tres leyes de la robótica son un conjunto de normas elaboradas por el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov que se aplican a la mayoría de los robots de sus obras y que están diseñados para cumplir órdenes. Aparecidas por primera vez en el relato «Círculo vicioso» (Runaround) de 1942, establecen lo siguiente: Estas tres leyes surgen únicamente como medida de protección para los seres humanos. Según el propio Asimov, la concepción de las leyes de la robótica quería contrarrestar un supuesto "complejo de Frankenstein", es decir, un temor que el ser humano desarrollaría frente a unas máquinas que hipotéticamente pudieran rebelarse y alzarse contra sus creadores. De intentar siquiera desobedecer una de las leyes, el cerebro positrónico del robot resultaría dañado irreversiblemente y el robot "moriría". A un primer nivel no presenta ningún problema dotar a los robots con tales leyes, a fin de cuentas, son máquinas creadas por el hombre para su ayuda en diversas tareas. La complejidad reside en que el robot pueda distinguir cuáles son todas las situaciones que abarcan las tres leyes, o sea poder deducirlas en el momento. Por ejemplo, saber en determinada situación si una persona está corriendo peligro o no, y deducir cuál es la fuente del daño o la solución. Las tres leyes de la robótica representan el código moral del robot. Un robot va a actuar siempre bajo los imperativos de sus tres leyes. Para todos los efectos, un robot se comportará como un ser moralmente correcto. Sin embargo, es lícito preguntar: ¿Es posible que un robot viole alguna ley? ¿Es posible que un robot "dañe" a un ser humano? La mayor parte de las historias de robots de Asimov se basan en situaciones paradójicas en las que, a pesar de las tres leyes, podríamos responder a las anteriores preguntas con un "sí". ) Pero todo esa genialidad y el respeto de esas hermosas leyes, se fueron al diablo, cuando un escritor latino americano, llamado “JoseluisVR1”, decidió publicar una historia, llamada “El pacto de SILAS” el cual retrataba, la idea de dejar que las máquinas, tomaran el control, solamente para evitar que la humanidad se destruyera y destruyera al mundo. El autor estaba loco, de verdad tenía ideas muy raras de expresar sus ocurrencias, y gracias a esa locura, invento una idea despreciable, llamada el pacto de SILAS y en teoría, ese pacto dictaba darle a la inteligencia Artificial, el poder de matar humanos. El autor de antemano se disculpó con sus lectores, por faltarle al respeto a los genios que dieron vida a las leyes de la robótica, pero, aun así, José Luis, le dio la idea al mundo, de ser destruidos por sus propias máquinas, algo tonto en mi opinión, pero, es lo normal, el autor estaba loco. Los únicos androides que podían ser programados por el pacto de SILAS, solo podían ser, robots de combate y androides de seguridad, pero, solo Cyberwor, podría patentarlos en masa, antes de venderlos al mundo, llevando a que, en teoría, Cyberwor, era la primera compañía en todo el mundo, en tener asesinos mecanizados, antes que cualquier gobierno, ignorando las tres leyes que le dieron vida a la terminología de la vida artificial. Regresando a la historia, perdonen que me alejara del punto.   el robot repartidor c4, al escuchar el pedido de ayuda de Sara, rápidamente acata a usar sus leyes principales, y con la amabilidad decide dialogar con Alexander, para así lograr que la deje en paz. —    Señor, tendré que pedirle que deje a la chica o llamaré a la policía. — responde el robot C-4. —    Jajajajaja, ¿Qué dijiste? — responde Alexander con una risa, psicópata —    Llamaré a la policía…. De inmediato alexander con una agilidad y velocidad propia de una atleta, golpea al robot repartidor con una enorme fuerza, lanzándolo contra el suelo, algo imposible, ya que alexander, logro derribar a un robot metálico que pesaba 400kg, como si fuera solo una persona. El robot repartidor se levanta del suelo y siguiendo su política de no matar humanos, decide retomar el dialogó con ese peligroso violador. —    Por favor, la violencia no es una solución, si se entrega a las autoridades correspondientes, podrá acceder a leyes que lo beneficiarán en sus condenas. — dice el robot repartidor antes de recibir otro poderoso golpe. —    Hay… los robots, no sienten miedo, ni ira, ni tristeza y son tan tontos, que creen que con repetir unas palabras pre programadas lograran cambiar la conducta humana. — dice Alexander mientras se aruña la cara Sara, en ese momento, logra ponerse de pie y en un instinto de humildad, ella de forma irracional, en vez de correr y escapar, decide ayudar a una máquina, a un robot repartidor.   Sara toma una rama pesada y golpea a Alexander en la nuca con todas sus fuerzas, dándole una contusión leve. Cuando Alexander cae al suelo, Sara, rápidamente ayuda al C4.   —    Señorita, por favor, retírese, aléjese de la zona comprometida. — responde el robot repartidor. —    ¿de qué hablas? No te dejare, me ayudaste, es normal que te ayude. — responde Sara. —    Es peligroso. —    ¿Qué dices? Lo golpeé muy fuerte, debe estar inconsciente.  — Dice Sara confiada. Sara, creía que con el golpe que ella le dio alexander ya había pasado el peligro, pero era un error, ya que él, se levanta y muy furioso se lanza contra Sara para matarla. —    ¡¡¡Cuidado!!! — responde C4 antes de usarse a sí mismo como escudo, para proteger a sara. —No permitiré que usted, lastime a otro humano. — responde el robot repartidor con valentía. —    Imbécil, MUÉVETE. — dice alexander antes de arrancarle un brazo a C4. Alexander con una fuerza inhumana, logra arrancarle el brazo derecho a C4 y con el mismo, lo golpea, para apartarlo de su verdadero objetivo. —    Esa Chica es mía. — dice alexander al estirar sus feas manos, hacia Sara. Pero de la nada, un auto, atraviesa el parque y atropella a Alexander; Sara, no podía creer que un auto, literalmente la salvara, pero, mucho más importante, ella no podía creer, quien era ese chófer. —    ¿Sara, estas bien? — dice elizabeth al bajar del auto chocado. —    ¿hermana? —    Oh, gracias a Dios que estas bien. — dice Elizabeth al abrazar a su hermana. —    Elizabeth, que, ¿Qué haces aquí? — dice sara confundida —    Vine a salvarte tonta, ven vámonos, debemos irnos. —    ¿pero que pasara con ese loco? — recalca Sara. —    Esta muerto, ven tenemos que irnos, no sabemos a cuantos más raros envió Nicola a atacarte. — responde elizabeth. —    ¿Qué? — dice Sara furiosa. —    No discutas, ven… — dice Elizabeth. De repente, el auto chocado y retorcido, comienza a moverse por sí solo, dando una muy mala espina a Elizabeth.  —    No puede ser. —    HAHAHAHAHAHAHA ¿creyeron que un auto, sería suficiente … para matarme? — dice Alexander al mover el auto chocado, con sus propias manos, pero, aunque eso era algo imposible, también se podía apreciar como el violador estaba gravemente lastimado. —    ¿está vivo? — pregunta sara confundida y aterrada. —    Si… él sufrió un accidente químico que lo hizo más fuerte, pero, aun así, esta gravemente lastimado, ¿verdad Dr. Martini? — dice elizabeth. —    Si. Así es… pero, aunque este muy herido aun puedo pelear, ¿Qué pueden hacer ustedes dos, contra mí? … nada. — responde Alexander al lanzarse contra las chicas. De inmediato, el poderoso puño de Alexander, es detenido, por el brazo mecánico de C4, un simple robot repartidor, que, aunque no destaca, no se rinde antes sus leyes. —    No dejaré que usted lastimé a estas humanas. — responde el robot repartidor, dañado, pero aun, determinado, demostrando así, la valentía de un simple autónomo. 
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