Alexander Martini, considerado uno de los científicos más trabajadores, para la compañía de Cyberwor, alexander, demostró ser, no solo un genio, sino también un alquimista ético.
Alexander compartía un gran interés contra la muerte, para él, el ser inmortal era algo necesario para la supremacía humana, hoy en día muchas personas recurren a las mejoras biométricas, ojos mejorados, prótesis mecánicas e incluso órganos artificiales, con el fin de mejorar la vida de las personas; pero Alexander, no creía en las prótesis, él creía que la inmortalidad era obligatoria, sin mecanismos o aparatos dentro del cuerpo de las personas.
Alexander desarrollaba un químico conocido, como “RETRAMUERTE” que, en teoría, detenía el reloj biológico de los humanos, lo presento a la oficina de Nicola y fue aceptado, no como una solución, sino más bien como una ventaja. Alexander, comenzó a trabajar en humanos, y lo que paso no fue nada, lindo.
El químico de concentrado H1-m61; desarrollo un resultado contrario a la que el doctor Martini quería usar. Los sujetos de prueba, no se volvieron inmortales, sino más bien se volvieron, polvo, literalmente polvo.
— ¿Qué hice? — dice Martini al ver su enorme fracaso.
El químico H1-m61, no retraso el reloj biológico de los sujetos de prueba, sino más bien, lo acelero tan rápido, que, en un segundo, los sujetos de prueba que variaban entre los 20 y los 30 años, envejecieron tan rápido, que sus cuerpos se hicieron polvo por la vejes. En ese momento el señor Martini, no creo un químico para alargar la vida, sino más bien para acelerarla. Nicola al ver ese inesperado resultado cánselo el financiamiento del proyecto, pero, conservo la muestra del H1-m61, para, futuras armas biológicas en combate.
Los años pasaron y el señor Martini, comenzó a decaer, comenzó a perder la cordura y se obsesionó en mejorar su fórmula, algo que a Nicola no le interesaba, por esa razón lo designo como jefe químico a un simple asistente científico, limitando alexander a crear, suplementos y químicos, para mejorar la valentía de las personas, algo útil en combate; pero, por culpa de un descuido con un químico experimental “HM1”, el señor Martini, por culpa del químico, se convirtió en un asesino y violador de mujeres.
Aun no se sabe cómo, ni el porqué de ese extraño y desolador efecto permanente del HM1, pero, se sospecha que sus efectos segundarios afectaron los campos más sensibles del Hipotálamo cerebral del doctor Alexander, haciéndolo increíblemente violento, llegando a asesinar y violar a muchas personas.
Se creería que un simple violador desenfrenado como el doctor Martini, no sería una gran amenaza para la policía preparada de Nueva york, pero el problema de ese criminal, es que su cuerpo, a pesar de ser robusto y para nada atlético, en realidad, poseen la fuerza y la velocidad de un atleta olímpico, ya que el químico HM1, mejoro los músculos de alexander junto con sus sentidos, convirtiéndolo en un salvaje cazador, un depredador s****l. Y ese monstruo, era el único que estaba tras Sara, para lastimarla de por vida, no mortalmente, si no más bien, moralmente ya que la pesadilla de toda persona, es ser ultrajado por un demonio como el doctor Alexander.
Elizabeth, le suplicaba a Nicola, detener la orden que le dio al ex empleado de Cyberwor de violar a su hermana menor, Sara, pero, Nicola no iba hacerlo, ya que ese era el castigo que elizabeth merecía, por atacar con sus drones, el muelle 13, el muelle con más secretos de Cyberwor.
Cuando elizabeth creyó que Nicola no podría ser más cruel, fue en ese momento, donde se equivocó, y cometido un error que su hermana pagaría esa misma noche.
— Este es tu castigo, por intentar desafiarme elizabeth. — dice Nicola al irse, dejando a elizabeth, con la culpa más grande que ella podría sentir hasta ahora.
Cuando Nicola se marchó en su elegante helicóptero dorado, elizabeth rápidamente toma su pulsera personal, y se contacta con ATENA, para pedirle ayuda.
— ATENA.
— Oh, hola querida, ¿En qué puedo ayudarte? — responde ATENA.
— ¿Dónde está Sara? — grita elizabeth preocupada.
— Esta en un lugar desconocido.
— ¿Qué?
— Si, ella me dijo que se reuniría en un lugar. — responde ATENA.
— ¿En dónde? — pregunta elizabeth.
— No lo sé, no se molestó en compartir esa información. — dice ATENA sin entender la situación.
— Esto es malo, quiero rastrees su teléfono, pulsera o cualquier dispositivo holográfico que ella lleve con sí. — ordena elizabeth desesperada.
— Error, no puedo hacerlo, Sara dejo todos sus dispositivos, para evitar que la rastreara. — responde Elizabeth.
Elizabeth sin decir nada más, corre a su automóvil terreno y conduce lo más rápido al centro de la ciudad, en donde se daría a cabo, el concertó en vivo, de la afamada banda británica, THE MANAN´S. mientras elizabeth conducía como una autentica desquiciada, en busca de rescatar a su hermana, en el centro de la ciudad, cerca del central park, un concierto gigantesco se estaba dando a cabo, o más bien finalizando, Sara, pasaba una de las noches más increíbles de su vida, sin saber que sería la última.
— MUCHAS GRACIAS POR ASISTIR.
El concierto termino y Sara con sus oídos notoriamente afectados por el ruidoso y asombroso, show, decide regresar a la mansión, pero, al hacerlo ella no se da cuenta de lo tarde que era
— Woww, son las 12 de la noche, creo que pagaré un taxi. — dice Sara al cruzar por el central park.
Cerca del parque central de la ciudad, había una pequeña estación de Aero-taxis, una opción barata y rápida, de transporte, algo que Sara estaba más que dispuesta a usar, pero, mientras ella, en medio de la noche y completamente sola, caminaba por el parque, notoriamente aterrador, ella, pudo ver, como un hombre, de lentes pequeños y transparentes, de cabello largo y físicamente descuidado la estaba siguiendo; y como cualquier persona lo haría en esa situación, ella comienza a sospechar de ese perverso hombre.
— Creo que ese sujeto me está siguiendo. — dice Sara en su cabeza.
Sara, asustada, decide apresurar sus pasos, tomando rutas y atajos verificando si ese hombre, en realidad si estaba detrás de ella, y después de acelerar su velocidad de movimiento y girar en unas cuantas esquinas del parque, Sara, de inmediato confirma sus sospechas.
— Si me está siguiendo, debo correr. — dice Sara en voz alta.
Sara al ver que ese extraño sujeto la estaba siguiendo, decide correr, pero al hacerlo, de la nada, ese extraño hombre, la atrapa con una velocidad Atlética y como si Sara fuese un muñeco de peluche, es abrazada con fuerza, de las mal olientes garras del peligroso violador, Alexander Martini.
Sara al ser atrapada, en un intento por pedir ayuda, grita, pero es rápidamente callada, por las delgadas y sucias manos del hombre que pensaba violarla.
— AYUDAAAAAAA!!!
— Shhhhh!!! — calla alexander.
Sara no entendía nada, no podía ni gritar, y por alguna extraña razón no se podía liberar, como si ese hombre, fuera una estatua, era tan fuerte que no podía ni siquiera retorcerse.
— Talvez te preguntes, ¿Por qué no puedo moverme? — dice Alexander mientras olfatea el cabello de Sara. — hueles bien, como una inocente rosa, me gustan las rosas, soy Alexander y soy un gran fan de tu trabajo. — responde Alexander al lamer lentamente la oreja de Sara.
Sara quería gritar, estaba asustada, ella pensaba que ese hombre la lastimaría, una idea acertada del trabajo de alexander; pero, de forma inesperada un, robot repartidor de la empresa, AMASING, cruza cerca de ellos y escucha todo el revuelo.
— Buenas noches queridos humanos, mi nombre de serie es, repartidor C4.
El androide repartidor, estaba repartiendo pedidos cerca del parque, pero al escuchar el grito de Sara, acato una de sus tres reglas de la robótica, el ayudar a los humanos en peligro.
— Lárgate robot, estamos ocupados. — dice Alexander mientras forcejea con Sara.
— Eso veo, pero, recientemente, escuché el pedido de ayuda de una humana y al escuchar ese grito de ayuda, mis parámetros lograron calcular la distancia llevándome a este lugar. — responde el robot repartidor.
— Ah, ¿crees que yo soy el agresor, robot? — responde Alexander molesto.
— Si, y al juzgar como usted la está oprimiendo con su mano, puedo suponer que usted tiene intenciones de lastimarla. — dice el androide repartidor.
— Ya veo, bueno, no sucede nada, mi hija y yo, solo estamos jugando un poco, ya sabes… cosas de humanos. — responde alexander con una simple y aterradora sonrisa.
— ¿está seguro? Su hija parece tener mucho miedo. — responde el repartidor.
— Si, eso parece, pero, es normal entre nosotros.
Alexander, estaba estrujándole la cara a Sara, tapando con la palma de su mano, la boca y nariz, cortándole así, la respiración, el androide no se daba cuenta, de que sara, estaba siendo asfixiada hasta la muerte solo para que ella, no digiera nada.
— Ah, supongo que fue una falla en mis sistemas auditivos, si me disculpan, regresare a la fábrica para continuar con mis funcionamientos correspondientes. — responde el robot repartidor al girar su cuerpo y alejarse poco a poco.
Sara estaba a punto de morir asfixiada y el único robot que podía salvarla, estaba alejándose, lentamente y en último acto de fe, Sara, muerde la mano de Alexander, y en el segundo en la que se soltó, ella grita con todas sus fuerzas.
— ¡Sálvame, confirma comando!!!!