Georgia. Alisé una vez más la falda que estaba usando y suspiré decidida a enfrentarme a lo que me esperaba tras la puerta frente a mí. Toqué el timbre y esperé. Unos pocos segundos después, la puerta se abrió y una melena castaña me recibió con una adorable sonrisa infantil. —¡Hola, Georgia! —Hola, pequeña —saludé con un corto abrazo. Maggy me acercó más a ella rodeando mi cuello con sus brazos. —Creo que la vas a asfixiar, Maggy —se burló Benjamín tras ella. Solté una carcajada y la adorable niña me soltó. Me erguí y avancé hasta él. Sin previo aviso, tomó mi rostro entre sus manos y depositó un beso sobre mis labios. Lo miré a los ojos y me relajé. La cena con su familia no podría ir mal, porque Benjamín me aseguró que ellos ya me adoraban. —Te ves preciosa, bebé. —Eres

