SECRETOS QUE NO DEBEN SALIR

847 Words
La loba madre levantó su mano y el silencio descendió como una guillotina. Sus ojos color ámbar —que habían visto más de novecientos años de guerras, pactos y sangre— se clavaron en mí. —La verdad debe salir a la luz —dijo con voz profunda, cortante—. Lina no es humana. Nunca lo ha sido. El aire se congeló. Christian se giró hacia mí tan rápido que casi escucho el chasquido de su cuello. Su mandíbula se apretó. Sus ojos pasaron del ámbar al n***o puro. —¿Qué demonios significa eso? —preguntó, y cada palabra fue como un golpe. —Existen pactos antiguos —continuó la loba madre, ignorando su arrebato—. Familias de lobos que aprendieron a vivir entre humanos. A ocultarse. Lina viene de una de esos clanes. Ha vivido aquí, respetando nuestras reglas, sin romper el pacto. Tatiana avanzó, furiosa. Sus ojos brillaban como vidrio roto. —¿Una loba disfrazada de humana viviendo entre nosotros? —escupió las palabras—. ¿Eso es lo que nos pide que creamos? Eso es una traición más grande que cualquier otra. —No es traición —repliqué, dando un paso adelante. Mi voz temblaba pero la mantuve firme—. Es supervivencia. Mi familia lleva siglos moviéndose entre dos mundos para que ambos puedan respirar. Christian se acercó a mí. Su olor —salvaje, embriagador, completamente suyo— me envolvió. Pero sus ojos estaban llenos de ira y algo más: dolor. —¿Y cuánto tiempo pensabas ocultarme esto? —preguntó en voz baja, solo para mí—. ¿Cuánto tiempo iba a seguir besándote sin saber quién eres realmente? Mi respiración se aceleró. No era miedo lo que sentía ante su cercanía; era algo más peligroso. Necesidad. —Yo soy Lina —susurré—. Todo lo demás es solo una parte de mí. Neera se levantó de su asiento, cortando el momento. —Prueba de fuego —anunció—. Si ella es leal, que lo demuestre. Si no... —dejó la amenaza colgando en el aire. La sala estalló en murmullos. Algunos miembros de la manada asintieron con aprobación salvaje. Otros susurraron preocupaciones. La vidente del consejo se inclinó hacia la loba madre y asintió lentamente. —La verdad no deja cicatrices en Lina —declaró—. No ha causado daño. Ha obedecido las reglas. —¿Reglas que nosotros no conocíamos? —cuestionó Tatiana, sus uñas se convirtieron en garras—. Las cosas que se ocultan en la oscuridad siempre traen peligro. Christian extendió la mano hacia mí, sin apartar los ojos de Tatiana. —¿Estás dispuesta a pasar la prueba? —me preguntó. Y luego, como si no pudiera evitarlo, su mirada bajó a mis labios—. ¿Estás dispuesta a demostrar quién eres? Mi corazón golpeaba contra mis costillas. Sabía exactamente lo que implicaba la prueba de fuego. Sabía que era peligrosa. Letal, incluso. Pero lo que me aterró más fue lo que vi en los ojos de Christian: una hambre que no tenía nada que ver con la lealtad a la manada. —Sí —susurré, y luego más fuerte—: Sí. Estoy dispuesta. La loba madre asintió. —Que comience la prueba. Christian, tú guiarás el proceso. —Sus labios se curvaron levemente, como si supiera algo que nadie más sabía—. Aunque sospecho que esta prueba será más reveladora de lo que todos esperamos. Christian dio un paso más cerca. El espacio entre nosotros desapareció. —¿Confías en mí? —preguntó, su voz ronca como arena mojada. —No del todo —respondí, siendo honesta—. Pero lo haré. Su mano encontró mi mejilla. Cálida. Posesiva. El contacto envió una descarga eléctrica que recorrió toda mi columna vertebral. —Bien —susurró, tan cerca que casi podía probar sus palabras—. Porque la prueba que te haré pasar no será en el fuego, cariño. Será conmigo. Y es mucho más difícil de superar. Los presentes contuvieron la respiración. La tensión en la sala se volvió tan tangible que casi podías cortarla con una garra. La loba madre sonrió, sabia, mientras los demás miembros del consejo intercambiaban miradas confusas. Tatiana abrió la boca para protestar, pero la vidente le puso una mano en el brazo. Christian me tomó de la muñeca —no con violencia, sino con promesa—, su pulgar trazó círculos en mi piel. —Vamos —dijo—. Es hora de que entiendas lo que significa ser mía. Completamente. Sin secretos. Sin mentiras. Mientras me guiaba fuera de la sala, escuché los murmullos aumentar. Algunos risas ahogadas. Otros sonidos de sorpresa. Pero lo único que podía sentir era el calor de su mano, la presión de sus dedos en mi muñeca, y la promesa oscura en sus palabras. Si sobrevivía a esto —realmente sobrevivía— ya no sería solo Lina, la chica entre dos mundos. Sería suya. Y no estaba segura de si eso me aterraba o si era exactamente lo que quería.
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