PUERTA DE ESPEJOS

830 Words
El silencio de los pasillos se ahoga en mi propia respiración acelerada. Salgo de la sala de reuniones con Christian aún vibrando en mis venas como veneno. Su voz aún resuena: "La prueba de fuego ya está decidida.". Esas palabras son una promesa y una amenaza inevitable. Siento su peso en cada paso que doy. No debería estar aquí. Debería estar escondida en mi habitación, permitiéndome procesar lo que significa pasar una prueba que ni siquiera comprendo completamente. Pero mis pies me traicionan. Me llevan hacia él, como si el pacto que selló Christian sobre mi cuello fuera más que metal. Como si fuera gravedad. El pasillo está vacío. Apenas iluminado por antorchas que proyectan sombras que parecen animadas. Mis sentidos de loba—esos que tanto tiempo rechacé—despiertan. Puedo olerlo. Bosque salvaje. Poder. Dominación. Christian está a pocos metros de distancia. Vuelvo la esquina y allí está, de espaldas a mí, frente a una puerta. Su silueta es perfecta. Controlada. Como si hasta su postura fuera un recordatorio de quién es. Debo anunciarme. Es lo correcto, pero mis pies permanecen andando en silencio, mis pasos se convierten en sombra. Christian abre la puerta. Tatiana está adentro. Mi estómago duele. Me quedo pegada a la pared, donde no puedo ser vista pero donde escucho cada palabra que cae como vidrio roto. —Al fin llegaste, alfa. —la voz de Tatiana es miel con veneno—. Creí que te perderías en los pasillos. Christian no responde. Su espalda es un muro. —Cierra la puerta. —Tatiana habla como si diera órdenes, como si tuviera derecho. —No, así está bien. Tres palabras. Pero el tono de Christian las convierte en una sentencia. Puro poder. Pura advertencia. Veo a Tatiana avanzar hacia él. Se acerca con esa confianza que da haber estado en la cama de un alfa antes. Intenta besarlo. Christian gira la cabeza. El rechazo es brutal. Tatiana se congela. Esto nunca le había pasado. La certeza en su rostro se quiebra. —¿Qué ocurre? —pregunta, y hay ansiedad en su voz. Miedo. Puede sentir que algo ha cambiado—. ¿Es por ella? Christian permanece inmóvil. Cuando habla, su voz es hielo puro. —No es por Lina. Es por tu desobediencia en la reunión. Soy el alfa. Tú eres una de mis protegidas. Obedecerás. El nombre sale de su boca como un golpe dirigido a mí. Tatiana traga saliva. Sus ojos buscan los de Christian con esa mezcla tóxica de desafío y seducción. —Si mi comportamiento te ha disgustado, castígame alfa. —la insinuación coquetea con lo prohibido. Ella cree que puede recuperar su posición con sumisión y sexo. Pero Christian no es un hombre que se deje manipular fácilmente. Su silencio es peor que cualquier palabra. —Lo siento, alfa. No volverá a ocurrir. —Tatiana baja la mirada, lo intenta de nuevo. Esta vez con docilidad fingida. —Aún puedes demostrar tu lealtad. —Christian finalmente la mira, pero sus ojos son desconocidos. Fríos. —Pero recuerda: la obediencia no es una opción. Es mandato. Si pasas esta prueba, quizá te acepte de nuevo. Tatiana sonríe. Cree haber ganado. Levanta las manos, las coloca en su pecho. Christian la atrae hacia él y la besa. Feroz. Posesivo. Mis pulmones dejan de funcionar. Veo cómo sus labios se mueven contra los de ella. Veo cómo sus manos bajan por su espalda. Veo cómo ella lo toca como si le perteneciera. Algo dentro de mí se desmorona. No es miedo. No es celos exactamente. Es peor. Es la realización de que todo lo que sucedió en esa cueva, todos esos besos, todas esas palabras ardientes sobre pertenencia y pactos... quizá fueron solo estrategia. Solo poder. Solo un juego en el que yo era la pieza. Christian es el alfa que besa a su protegida cuando lo desea. Yo soy la extraña que pasó su prueba. La diferencia es un abismo. Mis manos tiemblan. El relicario en mi cuello se siente pesado de repente, como una cadena. Mi voluntad, mi conexión con la manada, mi capacidad de luchar: todo está vinculado a él. Mi dependencia es pesada. Doy un paso atrás. Luego otro. Silenciosa. Una sombra que nunca debió tener forma. He cometido un error. Un error masivo y doloroso. Creí que Christian era diferente. Que cuando me tocaba, cuando susurraba que era suya, había algo más que dominación. Pero esto—esto es la verdadera naturaleza de un alfa. Múltiples. Calculador. Incapaz de amar porque el poder es lo único que entiende. Regreso a mi habitación sin permitirme mirar atrás. Y mientras me acuesto en la oscuridad de estas cavernas que Christian llamó mi nuevo hogar, lloro en silencio. No por la pérdida de ilusiones románticas. Lloro porque finalmente comprendo lo que significa estar vinculada a alguien que ve el mundo como un tablero de ajedrez. Y yo soy solo una pieza que se mueve cuando él lo ordena.
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