LA CIUDAD DE FUEGO Y SOMBRA

1182 Words
El relicario palpita contra mi pecho como si tuviera corazón propio. Corro junto a Christian a través de los pasillos subterráneos, y por primera vez en toda mi vida, no siento que estoy huyendo. Siento que estoy llegando. Los guardianes se apartan de nuestro paso, sus rostros reflejan una reverencia que antes de este momento, jamás me habrían dedicado. Ahora soy la pareja del alfa. Eso lo cambia todo. Christian me sostiene de la mano mientras descendemos hacia las cavernas principales. Su agarre es posesivo, ansioso. Puedo sentir la energía que corre bajo su piel, ese lado lobo que se retuerce queriendo transformarse. La batalla está tan cerca que puedo saborearla. —¿Cuánto tiempo tenemos? —pregunto, aunque ya conozco la respuesta. —Minutos —gruñe, sin soltar mi mano. Las cavernas se abren ante nosotros como las fauces de una bestia despierta. No es lo que esperaba. Nunca podría haber imaginado algo así. La ciudad subterránea se extiende como un universo paralelo tallado en roca viva. Las antorchas flamean con un fuego que no debería existir bajo tierra, proyectando sombras que danzan como demonios en las paredes. Calles de piedra pulida se entrelazan formando patrones que parecen antiguos símbolos. Edificios de obsidiana negra y cuarzo brillante se alzan en columnas imposibles, algunos tan altos que pierden su base en la oscuridad de arriba. Pero no es solo la arquitectura lo que me quita el aliento. Es la gente. Cientos. Miles. Lobos en forma humana moviéndose con propósito militar, vistiendo armaduras que resplandecen con ese mismo fuego sobrenatural. Hay mujeres con ojos de ámbar y oro que afilan armas de obsidiana. Hay jóvenes que corren entre las barracas llevando mensajes. Hay ancianos en túnicas oscuras que estudian mapas grabados en tablillas de piedra. Hay niños—niños, Dios mío—siendo entrenados por maestros de batalla, aprendiendo a luchar antes de aprender a vivir. Es una civilización. Una r**a entera viviendo bajo el mundo de los humanos, invisible, poderosa, real. —¿Esto es...? —logro susurrar. —Tu hogar ahora —dice Christian, leyendo mi mente. Su voz es puro orgullo. Pura posesión—. Bienvenida a Valdoria. La ciudad de fuego y sombra. La capital de todas las manadas del continente. Un escalofrío me recorre la espina dorsal. He vivido toda mi vida pensando que era una cosa. Una loba con sangre humana. Una rareza. Una abominación. Pero aquí, en este lugar antiguo y mágico, comprendo finalmente lo que significa ser un híbrido. No soy un error. Soy la evolución. Christian me guía hacia el centro de la ciudad, donde una estructura masiva se eleva: un palacio de piedra viva que parece crecer de las propias cavernas. Sus puertas son enormes, grabadas con símbolos que reconozco del relicario en mi cuello. El círculo de raíces. El engranaje. La marca de mi familia. —Tu madre vino de una línea de alfas que gobernaron estas tierras hace tres siglos —murmura Christian mientras caminamos—. Tu padre traicionó ese linaje cuando decidió vivir entre humanos. Pero esa sangre no desaparece, Lina. Corre en tus venas como fuego. Entramos al palacio y el aire cambia de temperatura. Es más frío, más denso. Más mágico. La cámara principal es circular, como todas aquí abajo. Pero esta es diferente. Las paredes son cristal vivo, tal vez mineral, y puedo ver a través de ellas hacia otras cavernas. Veo depósitos de oro. Veo acueductos subterráneos. Veo esto: una ciudad completamente funcional, autosuficiente, perfecta. La Madre de la manada está aquí, junto a su consejo. Todos los alfas más antiguos del continente. Algunos tienen marcas de batalla en su piel. Otros resplandecen con un poder que casi me cuesta mirarlos directamente. —Ha llegado la hora —dice la Madre, sus ojos ámbar encuentran los míos—. Los cazadores ancestrales cruzan el perímetro norte. Ya están aquí. El relicario en mi cuello se calienta de repente. —¿Qué son exactamente los cazadores ancestrales? —pregunto, porque necesito entender qué es lo que se aproxima. Christian y yo intercambiamos una mirada. Él asiente, permitiéndome preguntar. Uno de los ancianos se levanta. Su voz es como la tierra misma hablando. —Fueron los primeros. Cuando el mundo era joven y los hombres apenas aprendían a caminar. Ellos vinieron para cazarnos. Creyeron que éramos demonios. Quizá lo éramos. O quizá simplemente no nos entendían. —Mi padre mencionó que son cazadores de cazadores —susurro, recordando la cabaña, el territorio norte. —Exacto —dice la Madre—. Existen más allá de nuestras reglas. Más allá de la magia que protege a las manadas. Son inmortales, poderosos, y tienen una misión: eliminar toda corrupción de la línea pura de los lobos. Eso significa eliminar a todos los híbridos. La palabra cae como una piedra en un pozo sin fondo. Eliminar. A todos. Christian gruñe, un sonido que resuena en todo el palacio. —No sucederá—afirma con una autoridad que no deja lugar a dudas—. Esta noche, Lina se revelará como lo que es. Una reina. Una alfa de sangre antigua. No una abominación, sino una coronación. Me mira, y sus ojos brillan de oro puro. —¿Estás lista, pequeña loba? Respiro profundo. Siento el poder del relicario irradiando desde mi cuello. Siento a mi lobo despertando completamente dentro de mí, no como algo separado, sino como parte integral de quién soy. Humana y lobo. Hombre y bestia. El pasado y el futuro. No soy una cosa o la otra. Soy ambas. —Sí —digo, y mi voz resuena con ese poder dual—. Estoy lista. Christian sonríe de esa manera feroz, posesiva, completamente suya. Nos giramos hacia la salida, hacia la ciudad de fuego y sombra que palpita con vida antigua. Hacia la batalla que se aproxima. Hacia mi destino. Las puertas del palacio se abren de par en par. La manada de Valdoria ruge. Y yo, Lina—la pequeña loba que una vez corrió desesperada por un bosque—grito en respuesta, soltando finalmente la loba que llevo dentro. Mi cuerpo no se transforma por completo, pero casi. Mi piel brilla, mis ojos se tornan dorados, mis colmillos se extienden. Soy hermosa. Soy aterradora. Soy suya. Christian toma mi cara entre sus manos, sus labios encuentran los míos en un beso que es marca, posesión, guerra, paz, todo a la vez. —Vamos a quemar el cielo esta noche, mo ghráidh —susurra en gaélico, la lengua de sus ancestros—. Vamos a mostrarle al mundo qué sucede cuando alguien intenta tocarte. Cuando nos separamos, la batalla ya ha comenzado en los perímetros. Puedo sentirlo. Puedo sentir a los cazadores ancestrales chocando contra las barreras mágicas de Valdoria. Puedo sentir a la manada preparándose. Y mientras desciendo hacia la ciudad de fuego junto a Christian, con su mano envolviendo la mía, comprendo que esto es solo el comienzo. La verdadera prueba de fuego está por llegar. Y esta vez, no estoy sola. Estoy exactamente donde pertenezco.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD