Cuando llegaron a casa, Adrián cerró la puerta despacio, como si ese gesto marcara el inicio de algo más que el final de la noche. Se quedó unos segundos mirándola mientras ella dejaba el bolso sobre el aparador y se quitaba los zapatos. No podía esperar más. No quería esperar más. Se tomaría su relación en serio como no lo había hecho en mucho tiempo. O quizá nunca. No sabía en qué momento había empezado a dar por sentado que Valeria estaría siempre ahí, como el aire que respiras sin pensar que puede faltar. Abrió la puerta del dormitorio y la dejó pasar primero. —Pase, señora —murmuró con una sonrisa apenas visible. Sería el caballero que ella merecía. O al menos moriría en el intento. Se prometió a sí mismo que no permitiría que volviera a sentirse sola a su lado. Qué absurdo hab

