Adrián la vio caminar hacia la barra y algo se le apretó en el pecho. No estaba enfadado. Pero ¿qué hacía ella allí? ¿Desde cuándo ese lugar formaba parte de su rutina? Él siempre había sido su refugio. Siempre había pensado que, por muy tenso que fuera el día, ella volvería a él. Un escalofrío le recorrió la espalda. Se levantó casi sin pensarlo y avanzó con paso decidido. Apoyó el brazo sobre la barra, lo suficientemente cerca como para que ella girara el rostro. —¿Estás esperando a Laura? —preguntó con una calma demasiado medida. Valeria alzó una ceja. —Sí. ¿Te sorprende? —No es eso… —murmuró él—. Solo que no sabía que venías aquí. Ella sonrió con una ironía leve. —No tantas veces como tú. La pulsera VIP te delata. Adrián bajó la mirada un segundo. Le molestó que lo notara

