El dormitorio estaba iluminado por la luz cálida del atardecer. Valeria estaba sentada frente al tocador, colocando con cuidado los últimos pendientes. El vestido que había elegido caía con elegancia sencilla, sin exageraciones, pero con esa clase de presencia que no necesitaba competir con nada para destacar. Detrás de ella, Adrián iba y venía por la habitación. Primero frente al espejo. Luego hacia la cama. Luego otra vez frente al espejo. —¿De verdad esa corbata? —preguntó Valeria sin dejar de mirarlo a través del reflejo. Adrián bajó la vista hacia el nudo que acababa de ajustar por tercera vez. —¿Qué tiene? —Nada —respondió ella con una leve sonrisa—. Solo que llevas diez minutos peleándote con ella. Adrián suspiró y volvió a intentar acomodarla. —Quiero que todo salga bien

