Sabía que me estaba pasando de nuevo, me estaba sintiendo mal y no, no podía recaer. Le escribí un mensaje a Rodrigo, diciéndole que nos fuéramos, pero me dijo que salía en quince minutos, que lo esperara. Entonces encendí un segundo cigarrillo, cuando sentí que alguien agarró mi brazo y por poco me infarto al verlo. Maldición, maldición, maldición. -¿Te asusté?-Preguntó Juan José confundido y mordí mis labios. -No. -Lo siento que te hable así de repente, pero te vi y quise saber que ha sido de ti.-Tomé aire, chasqueé la lengua. -No me he muerto como ves. -Uish, sigues igual de antipático.-Dijo entre risas y desvié la mirada de inmediato. Dios, llevaba tanto sin escuchar su sonrisa, sin ver su carita… no, mierda. -Mmm, y tú ya no estás desteñido. -Sí, preferí ya dejar de teñir mi

