CAPÍTULO 7 —¿Está segura que está bien, señorita Santiago? —se cerciora contemplando mi rostro sin enmascarar su interés. —Estoy bien —manifiesto, saliendo de mi ensueño. Me alejo porque su toque me quema, asintiendo el pie bien, error. El dolor me invade, quemando en el tobillo. No puedo esconder el dolor que experimento, el señor Donovick me ayuda a sentarme en la silla mas cercana. Se agacha para retirar el suplicio de tacón que llevo puesto para poner sus manos en mi tobillo. Es un contacto sencillo, pero a la vez tan personal que me hace preguntar. ¿Qué está haciendo? Mi jefe masajea con delicadeza. Aprieto mis labios con una buena sensación de alivio cuando él hace eso. Él sube la cabeza encontrándose con mi mirada en un acercamiento que considero demasiado personal. Con el pecho,

