CAPÍTULO 46 En pasos inseguros pero firmes (aunque no tenga sentido), voy. Abro la puerta de mi habitación para ver la del frente como si allí se ocultara el enigma más grande del mundo. Mi corazón late acelerado, debo de mantener la calma y no caer en angustia. Son diez pasos como máximo. ¿Cómo pueden sentirse como si tuviera cemento pegado a los increíblemente incómodos tacones? Que jamás volveré a usar, ni loca que fuera. Paso la tarjeta creyendo que me dará un paro cardíaco al abrir la puerta para entrar a una desocupada habitación que conozco bien. Los flashbacks me acorralan, desde que tomé mi primera copa hasta salir huyendo despavorida de aquí. Por supuesto que eso de huir no se va a repetir, tengo la fe y convicción que será un cuento diferente. Me asombro al ver el suelo repleto

