CAPÍTULO 27 —Pero, ¡¿Qué?! —no alcanzo a emitir, cuando se levanta conmigo en brazos. Chillo bajándome de su agarre cuando él me abraza por detrás regando besos en mi cuello, haciéndome colapsar en risas. —¡Basta! —chillo, poniendo mis manos en su pecho, pero él vuelve a sostenerme en brazos para besar mi nuca y cuello, desatando una horda de cosquillas con sus manos—. ¡No, ya! Él me lleva al baño entre risas, su tina es como todo lo que hay en su penthouse: grande, elegante y lujoso. Dicen que las cosas se parecen a su dueño, confirmo el dicho. Él abre el agua para llenar la tina agregando algunos jabones que huelen delicioso, para proseguir a cepillar sus dientes. Posicionada aquí detrás de él en el espejo noto lo normal y particular que es está situación: él desnudo, sin tomar ni un

