CAPÍTULO 26 Siento que un gran cuerpo me rodea con fuerza y posesividad, me remuevo lejos del desmedido peso cuando un brazo me atrapa estrechándome a su agarre con habilidad, tal como si yo fuera una muñeca de trapo fácil de mangonear de aquí a allá. Resoplo retomando consciencia enojada intentando salirme de ese agarre cuando escucho un gutural gruñido masculino. Abro los ojos aún nublados limpiando mis ojos con las manos. La habitación a plena luz solar es una belleza, sobria y clásica. Todo viene a mí golpeándome como una salvaje ola. Gatita, cariño… mi amor. Volteo para hallar a Donovick rendido del sueño abrazándome como si yo fuera una almohada. Sonrío al verlo tan relajado y apaciguado. Intento salir de su fuerte abrazo, pero vuelve a quejarse, echando su pierna muscular sobre l

