Julián, uno de cada tantos días iba a la facultad de Amelia para verla y conversar. Uno de esos días, fue a buscarla para traerla de regreso hasta su casa pero Amelia no se encontraba en la facultad. Resultó ser que había salido un poco más temprano y había decidido bajar para hacer algunas otras cosas. Como Julián no tenía la costumbre de estar al pendiente, no se comunicó con ella antes y la verdad es que a Amelia no le importó y no sabía en realidad por qué aquello no le importaba. Ese día Amelia lloró, lloraba amargamente porque sentía que debía haberle importado.
Los días transcurrían y todo marchaba bien. Julián seguía muy atento con Amelia, extrañamente parecía que de repente las cosas habían cambiado del todo y Amelia sentía que lo quería. El corazón de Amelia no podía ser más sincero, de verdad se alegraba ingenuamente cuando las cosas marchaban mejor. Una de estas tardes, se encontró con Julián para hablar un rato. Julián era un chico excesivamente meloso y a ella esto le gustaba, pero los últimos días había dudado un poco de sus sentimientos, tenía emociones encontradas. Estaba contenta con el cambio que había dado Julián pero, a la vez, cuando lo veía sentía que no quería ni podía aceptar sus atenciones, sus caricias y halagos. Amelia sentía que no lo trataba como él realmente lo merecía en esos momentos y detestaba esos sentimientos, porque se sentía mal de no corresponder a ese cariño y ese amor que él demostraba. Ella misma se preguntaba por qué estaba así, por qué se sentía así, por qué le hablaba de esa manera.
Sin embargo, había días en que Julián volvía a ser otro y se dañaba todo otra vez. Las dudas no la dejaban vivir completamente. Amelia pasaba días y noches enteras pensando si en realidad estar con Julián era lo mejor para ella. Es que, para ser claros, muchas personas hacían comentarios negativos de su relación con Julián, no por ella sino por él, que si Julián no era esto, que sí Julián no era aquello, que aquel muchacho es mejor y Julián no es así. Estos comentarios la agotaban mentalmente.
Julián era el primer amor de Amelia y el primer amor provoca un sentimiento muy profundo, un sentimiento nuevo, donde muchas cosas provocan euforia. Ese primer amor para Amelia había resultado ser una relación donde se sentía totalmente amada, pero había llegado a idealizar a la persona que amaba hasta el punto en que la estaba considerando perfecta y esto, en este momento, estaba afectando a Amelia. Julián, ya no era ese primer amor al que no le encontraba ningún defecto, no, Julián ya no era la idea de ese primer amor tan perfecto como el de una película o tan irreal como una novela de amor.
Una de esas noches, Julián buscó a Amelia para verla un rato, salieron de su casa y fueron a uno de esos restaurantes de comida rápida. Amelia pidió una hamburguesa de pollo, la cual era su favorita y Julián, con un tono brusco y un tanto grosero le respondió: “Yo no voy a comer, no tengo dinero y no quiero comer”. Amelia sin dudar, decidió comprar otra hamburguesa, la favorita de Julián, pero aunque ella hizo esto, él no comió, dejó la hamburguesa sobre la mesa, mientras ella le rogaba en voz baja que comiera. Amelia aquella noche se sintió avergonzada y un tanto tonta por lo que había sucedido. Sentía que Julián a veces era capaz de ser el ser más grosero del mundo. Regresaron a sus casas y como solía pasar, después de hacer algún desplante, Julián le pidió perdón. Amelia no quiso decir nada.
Aquella noche recibió un mensaje de Gael, la verdad es que no tenían que tener grandes conversaciones pero aquellos mensajes la hacían sentir un poco de tranquilidad, algunos la hacían pensar mucho y otros solo la hacían sonreír. Esa noche él le escribió:
-Si hay tres ovejas y cada oveja con su pareja, ¿qué pasa con la tercera oveja?
-No lo sé, dime qué le pasa- respondió Amelia sonriendo.
-No lo sé, ahora estoy pensando en otra cosa- contestó Gael.
-¿En qué piensas en este momento?- dijo ella.
- Pienso que te tengo que ver aunque sea solo una vez- dijo Gael.
Gael parecía amarla, pero no lograba encontrar el momento adecuado para decirlo y cada día se preguntaba si era necesario hacerlo, ya que conocía su situación, era realista y sabía que el corazón de Amelia no era como los demás, ella era profunda, complicada y sabía que aquella situación no sería nada sencilla para ella. Una de tantas noches, comenzaron a conversar sobre las cosas que en su vida cambiarían si tuvieran la oportunidad. La conversación inició así:
- Si tuvieras la oportunidad, ¿qué cosas en tu vida cambiarías?- pregunto él y añadió: - Yo corregiría algunas cosas y puede que tú también.
- ¿Qué cosas Gael? Cuéntame- respondió Amelia.
- Prometo contarte en cuanto podamos encontrarnos en algún lugar- dijo Gael.
- ¿Quieres que nos veamos?- respondió ella.
- Sí, pero con la condición de que seamos la mitad de lo que somos por el teléfono- escribió Gael.
Amelia sabía que no sería sencillo, recordó que aquel día desde lejos en el autobús se había puesto demasiado nerviosa con tan solo verlo, así que, seguramente, se pondría demasiado nerviosa al estar junto a él. No entendía por qué razón pasaba esto, si habían sido compañeros de clases por tanto tiempo y ya habían pasado algunos años, pero esta vez era diferente. Y la cuestión es que, aunque Amelia lo intentara, las conversaciones no serían nada parecidas a las escritas a través de aquellos mensajes, quizás hablarían sobre algunas cuantas cosas triviales tal vez, pero a través del celular era diferente, porque no sentía la tensión de tenerlo de frente y además, lo que sentía en su corazón por él estaba cambiando.
Por otro lado, la vida entre Amelia y Julián continuaba, no era aquella relación perfecta pero los dos se esforzaban por llevar todo de la mejor forma posible. Julián la amaba, quería demostrarle su amor, solo que no sabía cómo hacer que ella le correspondiera de la misma forma, de una forma más profunda. Amelia agradecía todo lo que hasta ese momento había hecho Julián por ella, porque no fueron momentos sencillos, la vida de Amelia no era tan fácil como hasta ahora lo parece en esta corta historia. La vida de Amelia estaba llena de altibajos y no tenía nada que ver con el amor ni con sus estudios. Amelia había recibido una noticia que cambiaría su vida, era algo con lo que tenía que aprender a vivir y solo habían pasado unos cuantos años.