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1355 Words
Después de dar a conocer el compromiso, la ciudad sigue su ritmo, pero Isabella y Alexander están en pleno modo "malabares" tratando de encajar todo. La idea de enfrentar los compromisos y desafíos cotidianos se les presenta como un laberinto por recorrer. Deciden encarar a sus jefes para hablar sobre cómo equilibrar el trabajo y la vida. "O sea, jefe, necesitamos acomodar un poco las cosas. Estamos comprometidos, sí, pero también comprometidos con nuestro laburo", le suelta Alexander a su jefe con un toque de confianza. Isabella asiente, agregando: "Exacto, no queremos que se nos vaya todo al tacho, pero necesitamos flexibilidad. ¿Qué onda con un horario más relajado o algún día de home office?" En la ciudad, con sus oficinas que cuentan historias de luchas laborales, es testigo de esta charla donde la pareja busca conciliar sus responsabilidades profesionales con los nuevos compromisos personales. Después de esa movida, se dan cuenta de que deben lidiar con la planificación de la fiesta de compromiso. "¿Vos decís que le mandamos una invitación a tu primo ese medio colgado? ¿O mejor evitamos problemas?", comenta Isabella mientras revisan la lista de invitados. Alexander ríe, señalando a su primo en la lista. "¡Ni en pedo se lo perdona si no lo invitamos! Pero, o sea, ya sabemos a lo que vamos, ¿no?" La ciudad, con sus rascacielos que miran desde arriba, es testigo de este momento donde la pareja enfrenta el desafío de armar la lista sin meterse en quilombos familiares. Deciden tomarse un descanso en un bar cercano. "A ver, Alexander, ¿cómo te sentís con todo este bardo? ¿No te está volviendo loco?", le pregunta Isabella con una sonrisa. Alexander suspira, pero sonríe de vuelta. "¡Un poco, pero son desafíos copados! Estamos construyendo algo juntos, y todo esto es parte del paquete." La ciudad, con sus bares que son testigos de confesiones y risas, es testigo de este momento donde la pareja se apoya mutuamente en medio de los desafíos. De vuelta al hotel, se sientan en la terraza y reflexionan sobre la jornada. "No es joda, Isabella, estamos lidiando con un montón, pero al final del día, estamos juntos en esto, ¿no?", dice Alexander. Isabella asiente, mirando las luces de la ciudad. "¡Exactamente! Esto es un camino loco, pero lo estamos recorriendo juntos." Che, arrancamos el día con todo, ¿viste? Isabella y Alexander, después de una noche copada de charlas, se preparan para encarar este nuevo día con resoluciones y compromisos que ni te cuento. Primero, se mandan una caminata por un parque piola. La ciudad, con sus espacios verdes, les sirve de escenario para charlar sobre cómo van a lidiar con los desafíos. Isabella suelta algo así como: "O sea, necesitamos ser flexibles, adaptarnos a lo que venga, ¿no?" Alexander re piola, le pone onda: "Claro, tenemos que bancarnos mutuamente, ir ajustando las velas según sople el viento, ¿entendés?" La ciudad, con su movida mañanera, es testigo de esta charla donde la pareja se manda al ruedo de las decisiones. Después del paseo, se sientan en un banco al lado de un lago. Con la luz del sol que se manda un debut triunfal, revisan las expectativas y metas que tiraron la noche anterior. Se comprometen a entenderse y apoyarse a full en este viaje llamado futuro. La ciudad, con su lago que refleja el sol, es testigo de esta movida donde los compromisos se renuevan con todo. Siguen la movida con un desayuno en un café re tranqui. La ciudad, con sus cafés que siempre tienen algo para contar, es testigo de esta charla entre risas y sueños. Isabella tira la idea de un viaje, y Alexander re entusiasmado propone que sea algo con significado para los dos, onda lugares que marcaron la historia de la pareja. La ciudad, con sus calles llenas de historias, es testigo de esta movida donde se empiezan a imaginar aventuras. Después del desayuno, se mandan a un lugar especial, donde se conocieron. La ciudad, con sus recuerdos en cada esquina, es testigo de este capítulo donde flashean sobre cómo evolucionaron desde ese primer encuentro. En ese lugar, Alexander tira un regalo re simbólico: un candado con un grabado piola que cuelgan en un puente cercano. La ciudad, con sus puentes que conectan historias, es testigo de este momento donde sellan su compromiso con un símbolo re tangible. Ya a la tarde, deciden volver al hotel, seguir planeando el viaje y las cosas que les esperan. La ciudad, con sus calles que van y vienen, es testigo de este capítulo donde Isabella y Alexander se preparan para seguir escribiendo su historia con un compromiso que ni te cuento. En la terraza del hotel, al caer la noche, la pareja se relaja mirando el cielo estrellado. La ciudad, con sus luces que titilan como para decir "se viene algo grande", es testigo de este capítulo donde Isabella y Alexander, abrazados, saben que la movida sigue y que su historia está llena de posibilidades. Bueno, arrancamos otro día en esta historia de Isabella y Alexander, ¡y les juro que se vienen cosas copadas! Después de unas cuantas vueltas, la pareja se levanta con una energía re renacida para encarar lo que se les cruce. Primero que nada, se mandan a explorar un mercado local, ¿viste? Se meten entre puestos, probando sabores y chusmeando lo que hay. La ciudad, con sus mercados llenos de vida, es testigo de este capítulo donde Isabella y Alexander se mandan a explorar entre frutas, verduras y antigüedades. Y ahí justo, se cruzan con un vendedor de reliquias. Entre cachivaches y cosas viejas, encuentran un marco re antiguo que les re copa. Parece destinado a tener una foto de la pareja, ¿qué te parece? La ciudad, con sus historias en cada rincón, es testigo de este capítulo donde la pareja compra el marco de manera medio impulsiva, pero re simbólica. Después, deciden ir a un parque para pasarla piola al aire libre. La ciudad, con sus espacios verdes que son como oasis urbanos, es testigo de este capítulo donde la pareja se relaja bajo los árboles, charlando sobre sus sueños y flasheando juntos. En la tarde, Isabella y Alexander se largan con una experiencia culinaria. Se mandan a probar platos auténticos, y la ciudad, con sus olores tentadores, es testigo de este capítulo donde la pareja se manda a una aventura gastronómica para despertar los sentidos. La cena va fluyendo, y la charla se va para el lado de la posibilidad de plantar bandera en otra ciudad. O sea, están pensando en armar un hogar juntos, y la ciudad, con sus esquinas llenas de historias, es testigo de este momento donde Isabella y Alexander empiezan a barajar la idea de un futuro en común. Después de la cena, se largan a pasear por el centro iluminado. La ciudad, con sus luces que le dan un toque mágico, es testigo de este capítulo donde la pareja camina de la mano, cebándose a risas y planeando los próximos pasos de su viaje. Se toman un respiro en un rincón piola de la ciudad, y se ponen a reflexionar sobre todo lo que vivieron. La ciudad, con sus callejones llenos de secretos, es testigo de este capítulo donde la pareja flashea agradecimientos por el amor que comparten y las decisiones que tomaron juntos. Deciden volver al hotel, pero no sin antes llevarse el marco que compraron. La ciudad, con sus edificios que se mandan de guardianes, es testigo de este capítulo donde la pareja pone una foto suya en el marco, arrancando así un nuevo capítulo en su vida juntos. Ya en la terraza del hotel, bajo el cielo lleno de estrellas, Isabella y Alexander se relajan. La ciudad, con sus luces que destellan en la noche, es testigo de este capítulo donde la pareja se acomoda y se sumerge en la paz del momento. Están agradecidos por el amor compartido y re emocionados por las aventuras que les esperan en los capítulos por venir. ¡La movida sigue, che! ??
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