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588 Words
El sol alcanzó su punto más alto en el cielo, bañando la ciudad en un resplandor luminoso que resaltaba la opulencia de sus rascacielos y la elegancia de sus calles. Isabella Montenegro, inmersa en la rutina de su nueva vida, se encontraba en el estudio de moda, revisando bocetos y discutiendo proyectos con su equipo. Aunque su mente estaba enfocada en el trabajo, el contrato de matrimonio seguía siendo una sombra constante en su conciencia. Mientras ajustaba las medidas de un vestido de noche, el teléfono sonó, interrumpiendo su concentración. Era Alexander, quien la citaba en un restaurante exclusivo para el almuerzo. Aunque los encuentros con su "esposo" eran parte del acuerdo, cada uno de ellos se sentía más como un juego de roles que como una conexión genuina. En el elegante restaurante, rodeados por la ostentosa decoración y el murmullo de la alta sociedad, la pareja continuó con la actuación meticulosamente orquestada. Alexander, el esposo carismático y exitoso, y Isabella, la talentosa diseñadora enamorada de su trabajo. Sin embargo, en la mirada fugaz que intercambiaron, se intuía una complicidad no verbal, una conexión que trascendía los límites del acuerdo. Durante el almuerzo, Alexander compartió noticias sobre un nuevo proyecto empresarial, desviando la atención de cualquier pregunta incómoda sobre los secretos que rodeaban su vida. Isabella, por su parte, trató de mantener la conversación en terrenos más neutros, aunque la curiosidad y la inquietud seguían bullendo en su interior. Después del almuerzo, mientras paseaban por la ciudad, el silencio entre ellos se volvió palpable. Fue entonces cuando Alexander, rompiendo la formalidad, tomó la mano de Isabella con una expresión reflexiva. "Isabella, entiendo que esto no es lo que esperabas. Hay mucho más en juego de lo que puedes comprender en este momento", dijo con un tono serio, sus ojos buscando los de ella. Esa declaración solo avivó las llamas de la curiosidad en el corazón de Isabella. "Alexander, si queremos que esta farsa funcione, necesitamos confianza y transparencia", respondió ella, su voz reflejando determinación. Él asintió, como si estuviera considerando la posibilidad. Sin embargo, antes de que pudieran profundizar en la conversación, un fotógrafo intrusivo capturó la escena, y la pareja se vio obligada a retomar su máscara de matrimonio perfecto. Esa tarde, de regreso en el apartamento, Isabella reflexionó sobre las palabras de Alexander. La incertidumbre se cernía sobre su relación, y la pregunta de si realmente podía confiar en el hombre con el que compartía su vida comenzaba a martillar en su mente. Mientras la tarde avanzaba, una llamada inesperada interrumpió sus pensamientos. Era su mejor amiga, Emily, quien la invitaba a una reunión en la ciudad. Isabella, ansiosa por un respiro de la complicada dinámica de su "matrimonio", aceptó la invitación y se preparó para una velada que prometía desentrañar más capas de su intrincada existencia. El sol descendía en el horizonte cuando Isabella se encontró en un animado bar de la ciudad, rodeada de risas y confidencias con Emily. Mientras compartían sus vidas y sueños, Isabella se dio cuenta de que, en medio de los secretos y la farsa de su matrimonio, la autenticidad de la amistad se volvía un refugio valioso. La noche avanzó, y Isabella regresó a su apartamento con una sensación de liberación. Sin embargo, en la penumbra de la habitación, la presencia de Alexander la recordó que aún había mucho por descubrir en este viaje lleno de secretos y sorpresas. Con el corazón cargado de incertidumbre, cerró los ojos, preparándose para enfrentar los desafíos que el próximo amanecer traería consigo.
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