1. Las decisiones a las 3 a.m. son las mejores
— ¡Aparta que no veo! — escucho la voz de mi amiga debajo de mí. Está agachada y yo tengo puesto todo mi peso sobre su espalda.
— Pero si estás ocupando tú todo el siti... ¡AH! ¡¿ME ACABAS DE MORDER!? — grito cuando noto un mordisco en mi brazo derecho.
— ¡No me dejabas ver! ¡Y no grites!
— ¡Eres tú la que gritas!
— ¿Se puede saber qué pasa aquí? — pregunta mi madre saliendo de la cocina.
— Nada — contestamos Lara y yo a la vez.
— Vale. No voy a preguntar el por qué estáis peleando en el suelo y con unos prismáticos en las manos. Ahora mismo quiero que os levantéis y hagáis algo productivo, por favor — nos pide mi mami a modo de regañina antes de meterse de nuevo en la cocina.
Bien, os voy a poner en situación. Mi mejor amiga Lara ha venido a mi casa para hacer los deberes de matemáticas. Aunque eso es solo una vaga excusa para pasar la tarde juntas. ¿Que qué hacíamos en el suelo? Simple. Cuando Lara me mordió, yo la puse la zancadilla y se cayó al suelo arrastrándome con ella. ¿Por qué teníamos unos prismáticos en las manos? Digamos que el maldito pasillo de mi casa es demasiado largo y estos nos son de gran ayuda para localizar nuestro objetivo.
Jack Brooks. El hombre más sexy, atractivo y follable del mundo. Mi amor imposible. Y diréis, ¿por qué imposible? Es el mejor amigo de mi hermano. Muy cliché, lo sé, pero qué se le va a hacer. Él siempre me ha visto como a su hermana pequeña, alguien a quien hacer rabiar, cuidar y proteger. El problema es que yo nunca le he visto como a un hermano. Si todo lo que me imaginara con él, lo haría con alguien de mi familia, estoy segura de que ahora mismo estaría en un psiquiátrico por haber cometido delitos de incesto. ¿Te meten en el psiquiátrico por eso? No sé, es lo primero que se me ocurrió.
— Odio las matemáticas — me tiro encima de mi cama y vuelvo a abrir el cuaderno de ejercicios. Tengo muchísimos. ¿Cómo he llegado a hacer tantos? Ni yo me lo creo porque ahora mismo los veo y los entiendo igual de mal que a un jeroglífico.
— Yo también. Prefiero seguir espiando a esos dos — comenta Lara poniéndose a mi lado.
Jack viene continuamente a mi casa. Por no decir que parece que vive aquí, cosa de la que yo no me quejo en lo absoluto. Le encanta pasarse las tardes conmigo y jugar con mi hermano a la Play. Y, como mi hobby favorito es contemplar su majestuosa belleza, me compré unos prismáticos para mirarle sin molestar. ¿A que soy considerada?
— Es tarde. Jack ya debe estar por irse a su casa — miro mi reloj. Son las 20:53 y a esta hora cena con su familia. Sí, me sé un poco sus horarios, pero, ¿qué queréis? Le veo prácticamente todos los días y al final te acabas sabiendo su rutina diaria. No es como que tenga una libreta apuntados todos sus movimientos. Tampoco soy taaaaan acosadora. Para nada. Bueno, un poco.
— Jo, no me quiero ir — Lara se queja de forma cansada mientras se pasa las manos por la cara.
— Quédate a dormir — doy esa genial idea que se me acaba de ocurrir — Es viernes y mañana no hay que madrugar — la miro mientras guardo mis libros de clase en la mochila. Hoy ya valió de matemáticas.
— ¡Sí! ¡Noche de chicas! Hacía mucho que no lo hacíamos, voy a llamar a mi madre para decírselo — agarra su móvil que descansa encima de mi escritorio para hacer lo que me ha dicho.
— Vale, yo voy a avisar a la mía — me levanto de mi cama y camino hacia la cocina.
Al entrar, voy directamente al armario de los dulces y cojo una onza de chocolate blanco. Es un vicio. Cada vez que entro a la cocina tengo que comerlo, no lo puedo evitar.
— Lila, no comas eso ahora. Vamos a cenar dentro de poco — me dice mi mami a la vez que coloca un trozo de salmón en un plato.
— Mamá, siempre me dices lo mismo y nunca sirve de nada — me acerco y estiro mi cuello para darla un beso en la mejilla.
— ¿Qué quieres? — me observa con cautela y desconfianza. Mi madre tiene un don para averiguar cuándo quiero pedirla algo. No sé si es mi tono de voz o los gestos que hago, pero siempre lo sabe.
— ¿Puede quedarse Lara a dormir? — pongo ojitos y voz dulce para adelantar el proceso en el que acepta mi petición.
— De acuerdo, pero ni se os ocurra volver a llamar a Jordan. Ya sabes lo que pasó la última vez.
Puede que la última vez que hicimos noche de chicas, llamáramos a nuestro amigo Jordan para que pasara la noche con nosotras. Como era ya muy tarde, tuvimos la gran idea de que se colara por mi ventana. Debo decir que nuestra intención era no molestar, pero... no salió como lo planeamos. Se rompió un brazo.
— Vale.
— Y nada de escuchar música guarra a todo volumen a las 5:00 de la mañana.
— Es reggaetón, mamá.
— Las letras son muy guarras.
— Es reggaetón, las letras tienen que ser así.
— Me da igual, no quiero escucharlo y punto.
— Vale.
— Y nada de asustar a tu hermano entrando en su cuarto cubiertas de sábanas.
Sí, un día también quisimos asustar a Scott entrando en su cuarto a mitad de la noche con sábanas blancas sobre nuestra cabeza. Eso sí que fue divertido, mi hermano salió de su habitación desnudo y pegando gritos. Muchos gritos. Tantos que los vecinos de arriba llamaron a la policía creyendo que estaban matando a alguien.
— Vale.
— Y nada de... — su frase es interrumpida por una nueva voz.
— Señora Royers, ya me voy — el hombre de mis sueños entra a la cocina.
Giro mi cabeza para verle detrás de mí. Es taaaaaan guapo que el tiempo siempre se me hace corto cuando le miro. Me da la sensación de que todavía puedo quedarme con más detalles de sus perfectos rasgos. Me ha salido muy fino. La traducción es que me pone.
— Vale, cariño — mamá le da un beso en la mejilla a modo de despido — Hasta mañana.
— Hasta mañana — Jack sonríe mirando en mi dirección — Adiós, linda — me pellizca un moflete y yo le aparto de un manotazo. Con él me puedo ahorrar mucho dinero en maquillaje, porque el rubor me sale natural. Me sonrojo fácilmente cada vez que me toca.
— ¡Que no me pellizques! — le grito en broma. Me quejo, pero solo para que no se note tanto que disfruto hasta cuando me molesta.
— Sé que te encanta — besa mi mejilla y me da una sonrisa antes de irse del lugar — ¡Sueña conmigo, mofletitos!
No me lo digas dos veces.
Jack es el único que me llama así y amo eso. Siempre lo ha hecho, es como algo entre nosotros. Según él, es porque tengo los mofletes más besables y adorables del mundo. No le voy a quitar razón, puede quedarse besándolos toda la vida.
??????????
— ¡QUE SÍ! — mi amiga grita tan fuerte, que me extraña que siga con la voz normal.
— ¡QUE NO! — grito aun más alto que ella, contradiciendo su versión. Yo estoy acostumbrada a gritar, practico a diario con el cabezón de mi hermano.
— ¡QUE SÍ!
— ¡¿NO TE ACUERDAS DE QUE FOLLARON SIN PROTECCIÓN?! ¡EL HIJO ES DE MASON! — defiendo mi teoría.
— ¡QUE ES DE PIERCE! ¡A SABER CUANTAS VECES HAN FOLLADO SIN QUE NOSOTRAS LO SEPAMOS!
Llevamos así hora y media, literalmente. Después de ver dos películas de Disney y llorar a moco tendido, estuvimos escuchando a Becky G hasta las 3:00 de la mañana y ahora estamos discutiendo sobre quién es el padre de Heist. No podemos ser más adictas a w*****d.
— Mason es el único con el que sabemos que ha follado, así que es de él — establezco mientras como una galleta oreo bañada en chocolate blanco.
— Mira, solo espero que Ari suba pronto el primer capítulo y ahí te darás cuenta de que yo tengo razón — responde Lara comiendo una tableta de chocolate n***o.
— Ya, como que nos lo va a decir en el primer capítulo. Parece que no conoces a Ariana. Nos tendrá en ascuas hasta el final.
Seguimos un rato más debatiendo o, más bien discutiendo, hasta que notamos que hemos llegado a un punto en el que ninguna va a dar el brazo a torcer. Finalizamos nuestra noche de chicas hablando de cosas más sentimentales. Y el tema principal se centra en el moreno de ojos verdes que me vuelve loca.
— Li, ¿por qué no le dices a Jack lo que sientes? — me pregunta Lara tumbada boca arriba en el colchón que está al lado de mi cama.
— No pienso decirle nada, haría el ridículo. Sé que él no me ve con esos ojos — apoyo mi cabeza sobre mi almohada, suspirando con mis labios temblorosos.
En este último tiempo, el tema de Jack me está afectando más de la cuenta. Se nota que ya soy mayor y que mis sentimientos por él no cambian, aumentan muchísimo cada vez que le veo.
— Eso no lo sabes. Llevas enamorada de él desde los 3 años, ¿no crees que ya es hora de saber lo que siente por ti? No puedes vivir toda la vida con esa duda.
— Me da miedo, Lari. Si se lo digo, puede que no me vuelva a tratar igual. Prefiero tenerle como amigo a no tenerle.
— Te he visto sufrir lo que no está escrito por él, yo creo que llegó el momento de decirle algo... o de intentar olvidarlo. Tú también tienes derecho a ser feliz y encontrar a alguien que te aprecie y te quiera como te mereces — me acerco y la abrazo muy fuerte con lágrimas bajando por mis mejillas.
Cómo la quiero. Siempre es la mejor aconsejándome y subiéndome la autoestima. No sé qué haría sin ella. Nos conocemos desde los 10 años, cuando una niña me robó mi chocolate en el recreo y Lara hizo que me le devolviera y me pidiera disculpas. Desde entonces, hemos sido uña y carne. Inseparables. Invencibles.
— ¿Sabes qué? Tienes razón, voy a decirle todo lo que siento. Si siente lo mismo por mí, viviremos felices para siempre. Y si no siente lo mismo... que le den.
— Esa es mi amiga — esta vez me abraza más fuerte, demostrándome todo su amor. Adivinando que, aunque ahora esté haciéndome la fuerte diciendo que si me rechaza no va a pasar nada, si eso llega a pasar sé que voy a acabar destrozada por dentro.
Aún así, estoy de acuerdo con ella, estoy preparada. Ya es hora de que Jack sepa todo lo que me pasa con él. Madre mía... Me entra un escalofrío solo de pensarlo. Pero bueno, de perdidos al mar... o al río. No soy buena con los refranes, ya lo iréis viendo. Creo que ya es hora de dar un cambio y haciendo esto presiento que, a partir de ahora, me pasarán cantidad de cosas increíbles que harán que mi vida empiece a ser como una de esas novelas que me encanta leer.