Hay veces en la vida que las cosas ocurren sin que tú quieras. Que rozas con la punta de los dedos aquello que te hace feliz, pero no logras sujetarlo tan fuerte como para que no se te escape. Eso mismo sentía yo en estos momentos. Estoy en el coche con mi familia, de camino al aeropuerto. El lugar donde voy a ver a Jack por última vez. No voy a volver a verle hasta... el próximo verano. No volveré a verle hasta el próximo verano. Lo tengo que repetir varias veces para hacerme a la idea porque, no, todavía no lo asimilo. No puedo hacerlo. Miro hacia mi derecha y veo cómo las gotas de lluvia caen suavemente por la ventanilla del coche. Hace un día gris, triste. Parece que el clima se ha puesto de acuerdo conmigo. Paso los dedos por el cristal empañado y me detengo en la marca que hay en u

