Aitana.
Hoy tengo que ir a la oficina a firmar mi renuncia, o en este caso mi despido, porque si, señoras y señores, mi queridísima ex suegra alisa la bruja, dice mi amiga, me despidió, y saben que, que la verdad no me importa lo que haga o deje de hacer, me da igual. Ayer analizando un poco las cosas, me puse a pensar que en realidad no iba haber ningún futuro con Alejandro, si mi corazón duele porque lo amo, pero si me quedaba con el mi vida iba ser una total batalla con su madre, y sinceramente estoy segura al cien por ciento que eso a la larga no iba a afectar.
Alejandro podrá decir que no le interesa lo que su madre diga, al fin y al cabo es su madre y la ama, y aunque Lisa dijo que ayer Alejandro echo de la empresa a su madre, diciendo que no la querré ver, en unos días se le pasará.
Suspiro, por pura frustración, no quiero poner un pie en ese lugar, pero tengo que hacerlo, si no lo hago, no me pagaran y eso no puede pasar.
Me arreglo formalmente, como si fuera a otro día de oficina, le ruego a dios no encontrarme a Alejandro en el edificio lo cual lo veo demasiado difícil ya que el es el jefe, y siempre está ahí.
Subo el primer escalón que me llevará a la entrada, son las diez de la mañana, todos deben de andar, de aquí para allá.
La recepcionista me dio mi pase de visitante, debo reconocer que me siento extraña, camino a recepción donde Linda ya me espera.
— Hola, buenos días Lidia. — su expresión es seria aun así, contesta mi saludo.
— Buenos días Aitana. Toma asiento por favor, en un momento saco los documentos que debes firmar. Me imagino que ya sabes que en este caso firmaras tu despido. — asiento con la cabeza, pues Lisa ya me había dicho lo que la señora Gabriella hizo.
— Si no te preocupes, lo único que quiero es salir de aquí. — respondo y ella asiente.
— Aquí esta, puedes leerlo si quieres, pero déjame decirte que como es la empresa la que esta presidiendo de tus servicios te vas con el cien por ciento de tu liquidación, esas fueron las ordenes así que no te preocupes. — dice dándome una hoja. Leo todo detalladamente y todo esta como Lidia me a dicho, debo decir que me sorprende, al menos se tentó un poco el corazón y me permite irme con lo que me corresponde. Aun así pienso en firmar, nada me garantiza que después no tendré problemas, pero ya lo único que quiero es irme de aquí, la angustia esta latente de saber que me pueda encontrar a Alejandro.
Firmo la hoja y mi antigua compañera me entrega mi cheque, es una buena cantidad, que no me pienso gastar aún, lo que tengo que hacer es buscar un buen trabajo, para así olvidarme de todo esto.
— Gracias Lidia, fue un placer trabajar contigo. — le digo y ella sonríe, creí que no lo haría.
— También para mí Tany, es una lástima que tengas que irte, y peor en estas circunstancias, aún así déjame decirte que eres una muy buena trabajadora y estoy segura que pronto encontraras un lugar donde te valoren. — dice dándome ánimos y yo asiento con la cabeza.
— Gracias por tus buenos deseos Lidia. — me despido de ella y salgo de su oficina, paso a recepción a dejar mi gafete de visitante y salgo del edifiic y cuándo pienso que ya me libre de eno encontrarme a Alejandro, lo veo parado en las escaleras creo yo esperándome. Trato de pasar de largo, pero no meló permite, ya que me toma del brazo algo bresco y me hace mirarlo.
— Tú y yo tenemos que hablar. — dice caminando al estacionamiento, nietas que yo trato de safarme de su agarre.
— Suelteme señor Cisneros, no tengo nada que hablar con usted. — el tono de mi voz es frío. Aún así Alejandro no me suelta y abre la puerta de su auto y me hace entrar.
— Subes al auto por las buenas o lo hare por las malas, te dije que tenemos que hablar. — lo observo y después decido subir al auto, no quiero pelear, y tampoco quiero que me vean con el, faltan dos días para el sábado.
Alejandro entra al auto y lo enciende, sale del estacionamiento y me lleva a mi departamento.
— ¿Por qué no contestas mis llamadas? — pregunta y yo suspiro.
— Ya le dije que no tengo nada que hablar con usted. — respondo y ahora el que suspira es él.
— Aitana, sé que estás enojada, y te comprendo, pero comprenderme tu a mi, ponte en mi lugar, y veras que también hubieras echo lo mismo. — dice y si trate de ponerme en sus zapatos, pero sigo creyendo que para todo hay solución, además estamos en pleno siglo veintiuno, quien obliga a alguien a casarse, en estos tiempos, además él no se puso en los míos antes de enterarme, pues el bien pudo decirme, pero se espero a que ese hombre lo dijera por él.
— ¿Qué me ponga en su lugar? Y usted ¿se puso en el mio? O cree de verdad que mi corazón no se rompió cunaod escuche a ese hombre hablar sobre su matrimonio. — me observa dolido, pero sabe que tengo razón.
— Aitana por favor...
— Nada, por favor nada, olvidemos que estuvimos juntos, haga su vida que yo ahre la mía, ahora si me disculpa, le pediré la llaves de mi departamento, porque de ahora en adelante no quiero verlo en mi vida, nunca más, respete su compromiso, respete a su prometida y respeteme a mi, porque de quien hablaran será de mi, no de usted, así que le pido por favor que deje las llaves en la mesa y salga de aquí.
— No Aitana, no te daré las llaves, tú no puedes dejarme, tu me amas, así como yo te amo, podemos salir adelante de todo esto. Firmarse un acuerdo con ella...
— Por mi puede firmar miles de acuerdos, pero yo no seré la causante de que rompa su matrimonio, vuelvo a lo mismo, no hablaran de usted ni de ella, hablaran de mi.
— Aitana por favor. — vuelve a decir, pero yo ya tome una decisión.
— Lo lamento, pero antes de amarlo a usted me amo a mi misma, y no pienso denigrar mi dignidad por usted ni por nadie. Así ue le pido de la manera más cordial que salga de mi casa y que deje las llaves donde le indique, le deseo la mejor de las suertes y que sea feliz en su matrimonio. — me ve dolido por mis palabras, sale de mi departamento azotando la puerta.
Y solo cuando el no está me desmorono, toda esa fuerza, esa frialdad con la que le dije todo eso se va, mi corazón duele, pero lo que le dije es cierto, no pienso perder mi dignidad por él, ni por nadie, porque si no me amo a mi misma nadie lo hará por mi.
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Alejandro.
Jamás en mi vida creí sentir esto que siento en este momento, la perdí por imbecil, la perdí por no buscar otra manera de hacer las cosas, y aunque esto me duele demasiado, di mi palabra en algo y lo voy a cumplir, lo único que me queda es hacer con esa mujer un acuerdo, no pienso cumplir mi papel de esposo, eso nunca, lo único que me queda es, seguir rogándole a Aitana, para que no se aleje de mi. La amo con toda mi alma y si ella se se aleja, mi corazón se destrosara.
...
Hoy es sábado, esta noche será mi compromiso, y seria feliz si fuera con la mujer que amo, pero no es así, esta semana ha sido una jodida locura, una maldita broma del destino creo yo o de plano ya me estoy volviendo loco.
Desde ese día que supe que mi madre corrió a itana de la empresa no le he hablado, más que lo necesario, lo que le dije ese día es verdad aun así hoy me tengo que obligar a sonreír como si fuéramos una bonita familia, porque si, a mi madre se le ocurrió hacer este teatro en grande.
Ya estoy listo para ir ao salón donde me comprometere. To mis llaves, mi teléfono y salgo de casa rumbo al dichosos salón. Hay demasiadas personas aquí, dios hay personas que no conozco, hasta la jodida prensa esta aquí, en fin vamos a cabar con esto, que yo lo único que quiero es salir de aquí.
Después de un rato, que me he visto obligado a estar al lado de Eloisa, mi madre sube a la tarima y comienza a hablar.
— Buenas noches, buenas noches a todos, veo que se están divirtiendo y muchos se preguntaran el motivo de esta reunión. Bueno, esta noche es muy especial para mí familia y para la familia Palafox, ya que nuestras familias se unirán en matrimonio, esta noche mi hijo Alejandro, pedirá la mano de Eloisa. Hijo por favor has los honores. — dice mi madre sonriente. Eloisa y yo subimos a la tarima.
— Eloisa me harías el honor de ser mi esposa. — digo ante la mirada de todos los presentes, ella asiente y yo pongo el anillo en su dedo, y ahora oficialmente estoy comprometido y ni siquiera e hablado con ella para decirle lo que pasara con este matrimonio.
Los aplausos estallan y lo que me preocupa es cuando todos piden que nos demos un beso, ella se sonroja al escuchar tal pedido, aun así me obligó hacerlo, solo roso sus labios y rápidamente me separo de ella. Ella cerró sus ojos, me imagino pensando que le daría un verdadero beso, pero eso nunca pasará.
— Muchas gracias por estar aquí, en este día tan importante, ahora si pueden seguir disfrutando de la fiesta. — dice mi madre y entrega el micrófono al anfitrión de eventos.
Yo lo único que quiero es salir corriendo de aquí, o que de plano la tierra me trague y me ambiente en Timbuktu.
Estoy que hiervo de coraje, mi madre se atrevió a decir que mi boda será en dos semanas, lo único que me queda ahorita es dejarle claro a esa mujer lo que pasará con este matrimonio, y que entienda que en mi corazón ya hay alguien a quien amo y no hay espacio para nadie más.