Alejandro. Me demore tres semanas más en regresar, aunque esas semanas extras me sirvieron para darme cuenta del gran error que cometí. Aitana tiene razón, siempre hay una solución para todo. Y aunque se que me echaré de enemigo al padre de Eloisa, y a ella misma, no me importa lo único que quiero es ser feliz. Llego a mi departamento y me siento en el sofá, quito mi saco y mi corbata, relago mi cabeza en el respaldo de este, cuando mi teléfono suena. — ¿Qué quieres madre? — pregunto sin ánimos de nada y ella me comienza a regañar. — ¿ Dime por qué demonios no estás en tu casa? Vine a verte y encuentro a tu mujer sola. — blanqueo los ojos al escucharla. — En primer lugar, Eloisa no es mi mujer, en segundo madre, y grabate bien esto en la cabeza, me divorciarse de ella. No la amo,

