Ésto parece irreal; como si estuviese metida en una burbuja de ensueño. Ver los ojos de Niko, brillantes, grandes, y cautivadores; escuchar su voz masculina, grave, estremecedora; sentir sus brazos junto a los míos; sus manos recorriéndome con descaro, provocándome un cosquilleo delicioso en mi interior; y sus labios, creo que puedo probar sus labios aún sin que esté besándome; todo eso en su conjunto transforman en irreal la noche que empezó como una auténtica pesadilla. Percibirlo cerca; peligrosamente cerca, con su aliento que mezcla el tabaco, las golosinas mentoladas y una suave nota de cerveza, no me permite pensar en nada más, que él, y yo. En que se irá conmigo sin importar lo cruel que fui, o las actitudes infantiles, altaneras, detestables que tenido. Estiro mi mano y hundo

