—¡Es ahí! —chilla Ámbar, apuntando con el dedo hacia una residencia que resalta de las demás—. ¡Por Dios si así se ve por fuera, por dentro habrá de ser el paraíso! La voz del GPS anuncia el final del recorrido, y el resultado a cuarenta minutos de viaje es King County, una de las zonas más caras y exclusivas de todo Seattle. Ya me lo habían informado David y Grayson. Me dijeron con exactitud que el lugar al que iríamos sería en una escala de glamour, lo más top que puede existir frente a las costas del Pacífico; y confieso que no se los creí. Me imaginaba que en ostentosidades, el centro de Seattle se adjudicaba los galardones, ¡y vaya sorpresa me estoy llevando! Puesto que no sé si es el sonido del océano, y lo infinito u oscuro que se ve al anochecer; tampoco afirmo si es la ilumin

