Lunes. Siempre he creído que los lunes son muy jodidos. Generalmente suelo despertarme más cansada que el mismísimo viernes donde vislumbro el final de mi semana de estudio, trabajo y mil mierdas en la cabeza. No obstante, hoy, a diferencia de mis lunes anteriores, estoy enfrentándolo con las pilas recargadas. ¡Qué guay!, ¿no? Llevé a mis hermanos a la escuela con la música a todo volumen en el coche. Concurrí a clases y, juro por Dios que puse más atención que nunca, en mi vida. Admito que inclusive, le supliqué a mi profesora que me dejase realizar alguna tarea extra, para compensar mínimamente el resultado de mi nefasta prueba. Para mi grata sorpresa todo estuvo bien. Demasiado bien. Demasiado tranquilo. Luego de la visita de Nicolas, de nuestro almuerzo en familia y la

