NICOLAS He sido puntual. Demasiado puntual. Son las doce exacto y aquí estoy, esperando en el patio. Estacioné frente a la casa y recargado en una de las portezuelas, aguardo a que salga Charlotte. Estrujo mis dedos, los hago crujir, respiro profundo y me miro del torso hacia abajo una vez más. Ya no recuerdo cuántas veces me observé en el espejo antes de salir. Traté de vestir lo más casual, pero presentable posible. Descarté mis extremos. Deseché la idea de usar traje, así como los jeans, remeras ajustadas, chamarras de cuero o buzos deportivos. De apuro cogí el auto y fui a la primer tienda de ropa informal que encontré. Y creo haber elegido bien. Un punto neutro para mí. Pantalón ancho, de corte recto en color mostaza, una camisa gris oscuro, de mangas cortas, holgada y lisa, y

