Abandono la ducha y me envuelvo con la bata color salmón que tanto me gusta. Una de mis prendas favoritas. La más comoda, obvio, después del pijamas. Descalza salgo del baño y camino por mi cuarto. Me siento en el borde de la cama, y respiro profundo. Me cuesta hacerlo. Seco frenéticamente mi pelo, hasta verlo enrulado de la raíz a las puntas. Apoyo la toalla sobre mi regazo y miro al frente; a la pared que tiene el tocador y un gran espejo, sumado al marco que lleva directo al baño. Todos en casa se han dado cuenta que tuve un día atípico. Desde mis hermanos, que no entendieron porqué los recogí en taxi a la salida del colegio, siendo que la idea era llegar en el auto de Nicolas; hasta mamá, quien me miró inquisitivamente durante la cena, después de la cena y cuando lavaba los plato

