KALI La bodega, oscura y húmeda, parece más cerrada y claustrofóbica a medida que el dolor y la rabia se mezclan en mi cuerpo. Mis músculos laten de puro agotamiento, cada fibra de mi ser tensionada por el dolor que se irradia de las múltiples descargas eléctricas y los azotes que me han infligido. Estoy colgada de la viga, mis brazos atados con cuerdas gruesas que se cortan en mi piel, y aunque el sufrimiento es inmenso, no me dejaré quebrar. No por Carson. No por ninguno de sus malditos hombres. Siento los ojos de Call sobre mí, vigilando, y le lanzo miradas cargadas de advertencia cada vez que él vacila, cada vez que su instinto lo empuja a intervenir. No quiero que me defienda. No quiero que Carson vea su debilidad, que sienta que tiene alguna ventaja sobre nosotros. Call ha cumplido

