AGUST Camino por los largos pasillos de los campos de concentración, o lo que era un campo de concentración. Ahora es un complejo investigativo y es mío. El pasillo era largo y angosto, un túnel blanco que se perdía en la distancia. Las paredes, manchadas por el tiempo y quizás por alguna otra sustancia, reflejaban la luz fluorescente de forma irregular. El suelo, frío y húmedo bajo mis pies, estaba rayado por innumerables pasos. El olor a antiséptico era fuerte, casi abrumador, pero mezclado con otro más tenue, a miedo y desesperación. Los médicos y científicos, ataviados con sus batas blancas, corrían de un lado a otro, sus rostros serios y concentrados. Sus instrumentos quirúrgicos, brillantes bajo la luz, me recordaban que estaba en un lugar donde la vida y la muerte eran una cuestión

